Entrevista a Ibrahim Ferrer Jr: “Las compañías discográficas están sacando cualquier cosa”

por Gustavo Yuste

“A todo el mundo le gusta el arte, pero no siempre se la toma de manera profesional”, afirma Ibrahim Ferrer Jr, hijo del histórico integrante de Buena Vista Social Club. “Nunca voy a poder ser como él, porque cada persona es distinta y tiene una vida diferente”, destaca al respecto. Radicado en Argentina desde 1999, prepara su show para el próximo viernes 5 de octubre en JJ Circuito Cultural (Jean Jaures 347, CABA) y reconoce en la escena latinoamericana un alejamiento de la música tradicional de la región: “Ahora se está usando mucho la chabacanería”. 



Una vida en el mar y el salto a los escenarios

Ser el hijo de uno de los músicos más populares de su país y, además, llevar el mismo nombre, no es algo fácil de asimilar. Quizás sea por eso que Ibrahim Ferrer Jr no se dedicó a la música desde su juventud, por más que sintiera pasión por ella y fuera un elemento presente en su vida cotidiana. Siguiendo el consejo de su padre y su madre, decidió tener una carrera profesional y se recibió de ingeniero naval, lo que lo llevó a pasar gran parte de su juventud en el océano.

“Mi padre tampoco quería que yo estuviera metido en esto, quería que yo estudiara una carrera que me sirviera de sustento y utilizara al canto como un hobby. Y eso fue lo que yo hice, estuve 29 años trabajando en navegaciones hasta que llegué aquí en 1999″, comenta Ibrahim Ferrer Jr a La Primera Piedra. Cerca de cumplir 20 años de arraigo en Argentina, el músico cubano destaca en relación a Cuba que “son dos países diferentes en cultura, en desarrollo, en tamaño, pero que en cierta forma están pendientes uno del otro”.

Mi padre tampoco quería que yo estuviera metido en esto, quería que yo estudiara una carrera que me sirviera de sustento y utilizara al canto como un hobby

Dedicado de lleno a su carrera profesional, la cual se puede decir que tuvo su primer gran paso en su participación y grabación en el CD y film Buena Vista Social Club, se prepara para su próxima presentación en JJ Circuito Cultural el próximo viernes 5 de octubre. Sobre sus expectativas para el show, señala: “Me gustaría demostrar que se puede emocionar a través de algo sencillo, con melodías y letras que se puedan asimilar y, el día de mañana, poderlas cantar. Me gusta llevar a todos los lugares a donde voy la alegría cubana“. Conocé más de su vida y obra en la siguiente entrevista.


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“Yo creo que habrá Buena Vista siempre”

— Llegaste al país a fines de la década de los 90’s en plena ebullición social. Veinte años después, el panorama no es muy diferente. ¿Cómo ves a Argentina?
 Es un país que está luchando por lo que quiere. Todo es aceptable, tampoco soy quien tiene que explicar nada, soy un extranjero que está en su propio desarrollo. Este es un país muy lindo, lleno de cosas, muy rico en sí, no tiene por qué estar así como está.

— ¿Qué similitudes notás entre Argentina y Cuba?
— La política es una de las bases fundamentales del desarrollo, sin política no hay acuerdo. En Cuba existen problemas y seguirán existiendo mientras sigamos siendo un país tan chico y dependamos de diferentes cosas que no tenemos. Argentina es un país muy grande, pero no hay concordancia de la gente para solucionar las cosas. Son dos países diferentes en cultura, en desarrollo, en tamaño, pero que en cierta forma están pendientes uno del otro.

El músico es músico, y es una carrera con sentimiento, aunque eso genere que te miren como a un ser extraño.

— Revisando tu biografía, vos llegaste un poco tarde a la música en lo que se refiere a tu carrera.
— Por haber nacido en el seno de una familia de músicos y artistas, lo que incluye a los músicos con los que tocó mi padre, una gran familia completa. Desde chico me gustó la música, me gustó cantar. Mi madre no quería que yo fuera músico, por lo que pasé por muchas escuelas pero ninguna escuela pasó por mí (risas), yo era demasiado inquieto. Mi padre tampoco quería que yo estuviera metido en esto, quería que yo estudiara una carrera que me sirviera de sustento y utilizara al canto como un hobby. Y eso fue lo que yo hice, estuve 29 años trabajando en navegaciones hasta que llegué aquí en 1999, donde pensé en hacer otra cosa para poder sobrevivir, y el canto fue mi elección principal. Con sus cosas buenas y sus cosas malas.

— ¿Qué resaltarías de bueno y qué resaltarías de malo? ¿Te encontraste con advertencias que te haya dado tu padre?
 No encuentro muchas cosas malas, porque he tenido la suerte de haber sido aceptado por el público argentino y el extranjero, he recibido premios en distintos lugares. Lo que suele suceder es que a la música no se la considera como una carrera, no te ven como alguien preparado como puede ser un abogado, médico o arquitecto. Pero el músico es músico, y es una carrera con sentimiento, aunque eso genere que te miren como a un ser extraño. A todo el mundo le gusta el arte, pero no siempre se la toma de manera profesional. Con respecto a lo que me decía mi padre, él quería que yo fuera profesional, que es algo que yo llegué a ser, y ahora estoy combinando la música con la profesionalidad.



Ibrahim Ferrer Jr


— Es muy particular tu historia, donde pasaste muchos años navegando. ¿Qué recuerdos tenés de esas épocas en el mar?
 Lo bonito es que pude conocer mucho, muchos lugares que quizás nunca hubiera podido conocer. También conocí a muchas personas. Mi añoranza son mis compañeros, con los que compartía muchas cosas. La nostalgia es que en ese tiempo no pude compartir la vida con mis hijas, a quienes veía por tres meses y luego me pasaba un año navegando. Ahora las disfruto al máximo. Me han ofrecido volver a navegar, pero ahora quiero aprovechar a disfrutar otras cosas. He pasado muchos sustos en el mar, porque un barco en el océano es un granito de arena, y tú no sabes cuándo va a estar y cuándo no. Nunca se le puede perder el miedo al mar, y ahora que estoy en tierra firme, también pienso lo mismo, porque nunca sabes qué es lo que puede pasar.

— ¿Cómo ves el desarrollo de tu carrera? Ser “el hijo de” puede generar orgullo y al mismo tiempo distintas cargas y presiones.
 Siempre siento una vara que te está midiendo, como si te compararan constantemente. Yo estoy orgulloso de ser el hijo de mi padre, es la persona que me dio la vida, me enseñó la humildad, el cariño a la familia, el respeto hacia la gente. Mi padre fue muy famoso, aplaudido en muchas partes del mundo, y yo no soy famoso, ni nunca voy a poder ser como él, porque cada persona es distinta y tiene una vida distinta.

Yo estoy orgulloso de ser el hijo de mi padre, es la persona que me dio la vida, me enseñó la humildad, el cariño a la familia, el respeto hacia la gente. Mi padre fue muy famoso, aplaudido en muchas partes del mundo, y yo no soy famoso, ni nunca voy a poder ser como él, porque cada persona es distinta y tiene una vida distinta.

— ¿Cómo definirías a tu propia música? Hay una fuerte presencia de la música tradicional cubana y latinoamericana, pero también hay elementos de fusión. 
 La música tradicional cubana es algo que vamos a llevar siempre. Yo no soy muy “timbero”, como se dice por allí, no me gusta mucho el ruido, me gusta más lo clásico y la mezcla con el jazz. Eso me permite hacer música de todo el mundo y trasportarla a la música tradicional cubana. Ahora vivo en Argentina y me gusta mucho su música: el tango, el chamamé, el folclore. Me gusta mezclar, sacar un poco del sur, un poco del norte. Siempre con amor y respeto por la música de este lugar, las canto a mi manera. Yo no podría cantarte un tango como un tanguero, pero sí como un bolero. Que muchos músicos me hayan permitido interpretar sus piezas es algo que me llena de orgullo.

— ¿Cómo ves el presente de la escena musical en Latinoamérica? En estos últimos años hubo una gran expansión de géneros que quizás no tienen mucho que ver con los ritmos tradicionales.
 Mira, la música urbana tiene que ver con las composiciones que se basan en el urbanismo, lo que la gente vive, lo que ves y compartes. Puedes sacarle una composición a la tierra, a la gente, al hambre, al amor. Lo que creo es que se tiene que respetar un poco lo que es el léxico, el lenguaje. Si tú no respetas al oyente, no hay excusas. Ahora se está usando mucho la chabacanería, como si la canción tuviera que tener miles de malas palabras. Ahí dejas de lado la música, porque puedes hacer lo que quieras, pero siempre con un poco de respeto. Las compañías discográficas están sacando cualquier cosa, donde queda de lado lo esencial, que es la música del pueblo.



ibrahim ferrer jr


— ¿Qué se va a encontrar el público en tu próximo show en JJ Circuito Cultural?
 Ahí es donde viene el problema (risas). Porque es un público muy joven, que está acostumbrada a otros ritmos, y yo voy a dar lo que sé hacer, buscándole un poco más de modernismo. Me gustaría demostrar que se puede emocionar a través de algo sencillo, con melodías y letras que se puedan asimilar y, el día de mañana, poderlas cantar. Me gusta llevar a todos los lugares a donde voy la alegría cubana.

Puedes sacarle una composición a la tierra, a la gente, al hambre, al amor. Lo que creo es que se tiene que respetar un poco lo que es el léxico, el lenguaje. Si tú no respetas al oyente, no hay excusas. Ahora se está usando mucho la chabacanería, como si la canción tuviera que tener miles de malas palabras.

— ¿Qué desafío tanto profesional como emocional te planteó el disco Ibrahim canta a Ferrer?
 Todavía lo estoy llevando, porque fueron cosas que quedaron por hacer. Uno va a estar eternamente homenajeando a su familia. Mi forma de recordar a mis padres es con esto que estoy haciendo y lo que haré. Con esto uno se tira de cabeza a la laguna de la crítica y tienes dos opciones: te ahogas o te salvas. Yo creo que no me he ahogado todavía, por eso estoy hablando aquí contigo (risas). Este disco es el homenaje a él y a esas canciones que quisimos tocar juntos y no pudimos. Yo lo siento a él al lado mío siempre que canto, en todos los lugares a los que fui.

— Por último, hace poco dijiste que Buena Vista Social Club ya es una marca. ¿A qué te referías con eso?
 Es un nombre que se escogió por un club social que se ubicaba en la localidad de Buena Vista, donde no podía entrar nadie que tuviera recursos durante la dictadura de Batista. Con la Revolución se empezó a llenar de la población y creo que se escogió ese nombre por el tributo a los músicos que pudieron tocar en ese lugar, pero no tuvieron la oportunidad de compartirlo con la gente que iba a disfrutarlo realmente. En un momento los músicos estaban muy viejitos y ya no podían tocar, o se decía que se había olvidado la música cubana, pero eso nunca va a pasar. Ellos lograron renacer y hoy todo el mundo piensa en Buena Vista, porque ha llegado a muchas partes del mundo con mucho respeto. Yo creo que habrá Buena Vista siempre, como aquí estarán siempre los maestros del tango. Un legado cultural para la prosperidad.



 

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