Iglesia y Estado, asunto separado: el gran debate que nos debíamos

por Lucía De Dominicis

La Campaña Federal para la Separación de la Iglesia y el Estado promueve el debate alrededor de la necesidad de un Estado laico, en un año en el que el poder eclesiástico ha sido cuestionado por su influencia negativa en el debate de la legalización del aborto y por los costos millonarios que implica ser sustentado por fondos públicos.



“Quiten sus rosarios de nuestros ovarios” fue una consigna repetida en pancartas y declaraciones durante los últimos meses, en los que el debate legislativo por la legalización del aborto puso en el centro de la escena la influencia del poder de la iglesia en Argentina: presiones a diputados, adoctrinamiento en colegios religiosos y declaraciones de sus referentes en contra de los derechos de la mujer fueron algunos de los puntos que llevaron a cuestionar la posición de poder que aún mantiene la iglesia católica en el país.

Presiones a diputados, adoctrinamiento en colegios religiosos y declaraciones de referentes en contra de los derechos de la mujer fueron algunos de los puntos que llevaron a cuestionar la posición de poder que aún mantiene la iglesia católica en el país.

El debate por el financiamiento de la Iglesia católica se intensificó este año luego de que el Jefe de Gabinete Marcos Peña afirmara que durante el año 2018 el Estado nacional dedicará más de 130 millones de pesos a pagar sueldos de obispos cuyo ingreso mensual es de hasta 46.800 pesos. El Estado argentino está obligado por la Constitución Nacional a sostener “el culto católico apostólico romano”, lo que define que, aunque el Estado sea laico y garantice la libertad de culto, existe una responsabilidad estatal por cuidar de las necesidades de la iglesia. Las 3 leyes que regulan el dinero que se deriva a la iglesia fueron decretadas durante la última dictadura militar, entre los años 1979 y 1983.



“Queremos un Estado donde el ámbito público y el privado vayan por separado y haya una real libertad de conciencia”, propone desde su página de Facebook la Campaña Federal para la Separación de la Iglesia y el Estado, un movimiento apartidario e independiente que busca impulsar el debate sobre la necesidad de un Estado laico, nacido al calor de la lucha por la legalización del aborto. “Todas las religiones deben ser respetadas, pero no deben intervenir en las decisiones de un gobierno, ni imponerse en ningún ámbito”, afirman.

El debate por el financiamiento de la Iglesia católica se intensificó este año luego de que el Jefe de Gabinete Marcos Peña afirmara que durante el año 2018 el Estado nacional dedicará más de 130 millones de pesos a pagar sueldos de obispos cuyo ingreso mensual es de hasta 46.800 pesos.

La Campaña nació como una forma de canalizar los reclamos individuales en contra de la influencia de la Iglesia, que normalmente se invisibilizan bajo el poder que tiene en el discurso público. Aunque agrupaciones y partidos políticos de izquierda han impulsado la necesidad de un Estado laico en el pasado, no había un reclamo unificado que movilizara a las bases. La Campaña comenzó con un pequeño grupo en redes sociales, que en pocos días alcanzó los 10.000 miembros. Taty Barranco, impulsora del movimiento, relaciona el acatamiento al momento histórico que vive la Argentina: “no podemos negar que hay una revolución social muy fuerte gracias al feminismo, este empoderamiento que tenemos las mujeres, cómo estamos empoderando también a otros compañeros en la lucha, ese impulso era necesario para activar esto”, afirmó en una entrevista con La Primera Piedra.



Con la votación del 8 de agosto en mente, la Campaña planea organizarse internamente y difundir su proyecto para comenzar las actividades luego de la sanción en la Cámara de Senadores. Una de las primeras decisiones que se han votado ha sido la elección del diseño de su pañuelo naranja, que será el símbolo de la lucha en los meses futuros: “era muy importante tener un símbolo como el pañuelo, se convocó a diseñadores de todo el país para proponer sus logos y hubo varios días para la decisión del color y el logo”, comentó Taty Barranco. A nivel nacional, se organizaron en regiones con referentes provinciales para convocar a talleristas y cooperativas con la idea de generar fuentes de trabajo a la vez que se difunde la campaña.

A partir del lanzamiento de la Campaña, comenzarán a desarrollarse las comisiones temáticas y las actividades de difusión, como apostasías colectivas, intervenciones y reuniones, y el avance de un proyecto de ley con referentes en temas legales.

“La Iglesia siempre ha dicho que el 90% de los argentinos somos católicos, que acatamos y estamos de acuerdo con ellos, imaginate si empieza a visibilizarse en la calle el rechazo a través del pañuelo naranja: después de eso todo cambia”, afirmó la referente. A partir del lanzamiento de la Campaña, comenzarán a desarrollarse las comisiones temáticas y las actividades de difusión, como apostasías colectivas, intervenciones y reuniones, y el avance de un proyecto de ley con referentes en temas legales. Algunas provincias han avanzado rápidamente en la organización, aunque aquellas donde la influencia de la Iglesia es más fuerte presentan mayores barreras: los pañuelos naranjas invadiendo las calles buscarán, sobre todo en esas zonas, hacer visible aquello de lo que no se habla.



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