Entrevista a Sebastián Schjaer, director de La omisión: “Como hombre no tengo que responder a ese mandato social de decidir como padre antes que como hombre, y las mujeres sí”

por Laura Gómez

La Primera Piedra entrevistó al joven Sebastián Schjaer, director de La omisión. En su filmografía Schjaer tiene varios cortometrajes presentados en el Festival de Cannes, y en esta película que también es su ópera prima pone en tensión los mandatos sociales hacia la mujer en tanto madre, la relación entre universos aparentemente disímiles como el dinero y los afectos, y la hostilidad de tener que sobrevivir en la ciudad más austral del continente.


— ¿Cuál fue el germen de este relato?

— La idea original surgió hace cinco años cuando por casualidad encontré una foto en Internet: en esa foto se veía a una chica cruzando una ruta desolada; la chica tenía una campera amarilla y la capucha puesta, y alrededor estaba todo lleno de nieve. A partir de esta idea y de este paisaje surgió el personaje de Paula, y ya desde el comienzo me interesaba construirlo desde la dificultad de acceder a su interior. Tenía la idea de capas de cebolla o velos que había que ir quitando uno a uno para llegar al personaje. Y creo que ese es el desafío de la película. Por eso el título —que apareció desde el comienzo y nunca cambió— también fue una guía para ir construyendo el personaje desde las omisiones y la ausencia de información.

— ¿Cómo convocaste a Sofía Brito y cómo fue el amasado de este personaje?

— A Sofía la convoqué a partir de películas y obras de teatro que ella había hecho; me interesaba mucho su trabajo. Con ella empezamos a trabajar dos años antes del rodaje, fue una preparación bastante intensa y juntos fuimos construyendo el personaje. Ella fue aportando mucho de su universo, de su vida y de su historia. Muchos de los actores que aparecen forman parte del circuito de teatro independiente porteño, entonces me acerqué a ellos con mucha curiosidad por su trabajo actoral en general, más allá del cine. Y en el caso de Lisandro Rodríguez también como director y dramaturgo.

 — ¿Qué rol juega la ciudad de Ushuaia como escenario de este relato?

— Llegué a la ciudad de Ushuaia dos años después de empezar a escribir el guión, y creo que fue uno de los puntos de inflexión más importantes en el proceso de escritura. Al pasar quince o veinte días en Ushuaia, solo, encerrado, escribiendo o caminando en la calle pero completamente solo, sentí por primera vez lo que quería transmitir con el personaje de Paula en esa ciudad.

— Se presenta en la historia como un punto de no retorno o un lugar para empezar desde cero.

— Bueno, Ushuaia tiene una particularidad y es que está en una isla; ese gesto geográfico le da una intensidad muy especial. Es el último lugar del continente, el fin del mundo, y también una ciudad a la que van personas de todas las provincias a vivir, por lo tanto se nutre de todos esos lugares. Yo tengo la sensación de que Ushuaia es un lugar de paso, y eso me servía muchísimo a la hora de construir este personaje que se encuentra en un momento bisagra de su vida personal.

Leé nuestra crítica de La omisión

— Hay dos ejes centrales en La omisión. Por un lado, lo femenino como universo porque la protagonista es una mujer y la sociedad le demanda ciertas cosas; por otro, la cuestión del trabajo y el dinero como elementos identitarios. ¿Cómo trabajaste estas cosas?

— Bueno, estas cosas fueron por carriles diferentes. Lo femenino fue algo más bien intuitivo, natural; ya en los cortos que había hecho antes tenía un modo de aproximarme a las historias desde una sensibilidad más asociada a lo femenino, pero no aparece como tema. Esto fue dándose de manera natural por el hecho de que Paula es la protagonista y es una mujer, porque muchas de las personas que trabajaron en la película son mujeres (la productora, la directora de fotografía, la directora de arte). Esa energía fue muy importante para la película.

— Lo femenino aparece tematizado en las demandas sociales a Paula como figura materna, ¿no?

— Sí, lo que me interesaba trabajar en términos temáticos era el hecho de correr a la mujer de ese lugar en el que la sociedad la ubica: ser madre antes que cualquier otra cosa. Siento que yo como hombre —y creo que a todos nos pasa más o menos lo mismo— no tengo que responder a ese mandato social de decidir como padre antes que como hombre, y las mujeres sí se ven obligadas a hacerlo. A mí me interesaba tensar esa cuerda y ver qué sucedía cuando una mujer decide como mujer y como persona antes que como madre.

— ¿Y cómo abordaste el tema del trabajo?

— Bueno, este era otro elemento central que estaba muy emparentado al tema del dinero. Paula va pasando de un trabajo a otro, en una búsqueda constante del dinero. Yo creo que para ella el dinero es la posibilidad de irse y concretar su viejo plan de vivir en Canadá, pero también es la manera que encuentra para relacionarse con otras personas: con su jefe, sus compañeros de trabajo, con el chico del que se enamora, su novio, su hermana; siempre hay alguna escena en la que intercambian dinero. Siento que en la sociedad de hoy el dinero es el valor de cambio entre todas las personas, entonces me interesaba que eso apareciera. Para Paula todo tiene un valor, y en esa confusión también se mezclan los afectos.

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