Construcción de la mentira, de Gonzalo Heredia: mostrar para esconder

por Gustavo Yuste

La novela Construcción de la mentira (Alto Pogo, 2018), de Gonzalo Heredia, propone un diálogo silencioso entre la la actuación y la literatura, dos profesiones donde se pone el cuerpo de distinta manera para mostrar y esconder al mismo tiempo. Narrada en primera persona y con un estilo fluido, el autor juega con su rol de actor para mezclar biografía, ficción y una búsqueda por la identidad más allá de las construcciones sociales que se nos acumulan como capas de un mismo tejido.



Sobre el autor

construcción de la mentiraGonzalo Heredia nació en Buenos Aires, en 1982. Estudió teatro en Comunicanto, La Barraca y en la Escuela de teatro de Buenos Aires. Trabaja como actor en televisión, cine y teatro. Realizó talleres de escritura con Virginia Cosin y la carrera de narrativa en Casa de Letras. Actualmente participa en el programa radial Notas al pie, en FM Cultura y como columnista en Días como estos, en Radio Metro. Participa en @lagenteandaleyendo. Construcción de la mentira es su primera novela.


El diálogo silencioso entre autor y actor

Siempre que alguien ajeno a un determinado campo quiere incursionar en él, los ojos se posan con especial atención en esa suerte de intruso. Pasa en casi todos los ámbitos de la vida, desde el más íntimo al más masivo. Gonzalo Heredia parece ser consciente de eso hace un tiempo y con la reciente publicación de Construcción de la mentira (Alto pogo, 2018), deja en claro que su rol sigue siendo el mismo: ser el que pone el cuerpo para mostrar y esconder al mismo tiempo, el que deja que la línea que separa la ficción de la realidad sea difusa para el espectador, el que puede ser capaz de encontrarse siendo otro.

Narrada en una primera persona que alimenta y se nutre del morbo del lector ante la búsqueda de elementos biográficos en la ficción, Heredia maneja un estilo fluido, descontracturado, que remite a la oralidad. Sin embargo, la historia que se cuenta no es para nada liviana, ya que ante la aparente superficialidad del mundo de la actuación en los prime time televisivos, hay una búsqueda real para encontrar la verdadera identidad de alguien que vive fingiendo adelante y detrás de cámara. Puede leerse: “Es hermoso decirle a la gente lo que necesita escuchar. Aunque saben que miento, no les importa”. Entonces, ¿cómo saber el verdadero color de piel debajo de tantas capas de maquillaje?

Heredia maneja un estilo fluido, descontracturado, que remite a la oralidad. Sin embargo, la historia que se cuenta no es para nada liviana, ya que ante la aparente superficialidad del mundo de la actuación en los prime time televisivos, hay una búsqueda real para encontrar la verdadera identidad de alguien que vive fingiendo adelante y detrás de cámara.

Sabiendo el morbo que genera su condición de animal que cambia de pelaje, Heredia juega a dar lo que se espera de él: la historia de un actor exitoso. Ahora bien, ese no es más que un truco para hablar de lo que realmente le interesa y bajo sus propias condiciones narrativas. Detrás de ese relato, asoman pequeñas quebraduras en la superficie que, como plantas en el asfalto, crecen con voluntad: las dudas constantes, la capacidad de amoldarse a distintas situaciones a tal punto de no saber cuál es lugar de origen, la vida propia como una representación de los deseos ajenos. El propio narrador lo confiesa: “justamente lo que busco es eso, saber qué es real, palpar texturas, diferenciar las capas”.

(Leer nota relacionada: Entrevista a Gonzalo Heredia: “El ser humano es un eterno interrogante y la literatura se nutre de eso”)



construcción de la mentira


Esa idea de mutación constante, que podría hacer que un camaleón ya no recordara cual es su apariencia normal, es tratada en el libro de manera tan natural que se sucede a medida que avanza el relato: el galán televisivo, el modelo que hace presencia en boliches, el seductor inventado, el seductor real, el padre lleno de incertidumbres, el hijo alejado de su padre, van encontrando su propia voz en la historia, haciendo dudar a veces que el narrador de Construcción de la mentira sea siempre el mismo. Ese logro de Heredia se da de principio a fin en la novela.

En esa misma dirección, el recurso de incluir sueños, recuerdos, pensamientos, el guión de la novela del prime time, generan la sensación de una novela polifónica, que no es más que el resultado de un narrador dueño de una voz potente, reconocible y versátil. Un ejemplo de esto, puede encontrarse descrito dentro de la propia historia, cuando el narrador confiesa: “Dentro del sueño, sueño que tengo un sueño y me digo: tratá de acordártelo cuando te despiertes. Me despierto y quiero escribirlo. Pero no me acuerdo de nada”. 

Esa idea de mutación constante, que podría hacer que un camaleón ya no recordara cual es su apariencia normal, es tratada en el libro de manera tan natural que se sucede a medida que avanza el relato: el galán televisivo, el modelo que hace presencia en boliches, el seductor inventado, el seductor real

Otro recurso que se puede apreciar en Construcción de la mentira es el de la ironía y el de la crítica hacia los estereotipos que se reproducen dentro del mundo artístico, donde cada cual inventa su propia máscara. Varios pasajes de la novela ponen en escena esos momentos: “La televisión se transformado en un lugar para hipnotizar y vender comida para perros. Que respuesta típica de un actor de teatro under resentido con el medio”; o también: “Me imagino que es de esos que se jactan de no tener televisor en la casa, desconocer personajes populares y meterse en reductos marginales a ver teatro off, más off que el off”. Esas mismas descripciones, tranquilamente, podrían aplicarse al ámbito literario y a los lugares comunes que construyen este endeble mundillo.



construcción de la mentira

(Foto: Virginia Torres Schenkel)


En definitiva, podría decirse que Gonzalo Heredia sorprende a propios y extraños con La construcción de la mentira, ya que maneja con madurez y oficio dos momentos claves para cualquier autor con su primer libro: la historia en sí misma y su posible recepción por parte de la crítica. En cuanto al libro, el resultado formal es más que satisfactorio, ya que no se pueden ver los errores comunes de cualquier primera obra, demostrando a su vez que por cada hoja escrita hay a su vez cientos de páginas leídas. El resultado es doblemente positivo si se tiene en cuenta el hábil diálogo entre vida personal y ficción que se encarga de construir.

En cuanto a la recepción de la crítica, Heredia sabe que no se puede evitar los prejuicios ajenos, entonces decide divertirse dentro del libro. Después de todo, la ficción que se construye sobre la vida de alguien famoso es una responsabilidad compartida, aunque los residuos solo habiten en la persona a la que apunta los flashes. La construcción de la mentira que es una vida sin sobresaltos, llena de confort y deseos cumplidos, queda expuesta en esta novela, con alguien que cambia la capa de actor por la de autor, que sigue buscando un símbolo de paz como diría Charly García y que hasta el momento no conoce otro método que el de mostrar para esconder. 



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