Carmen: el cuerpo como instrumento

por Laura Gómez

La Primera Piedra expande sus fronteras un poco más allá de los límites físicos que el mapa nos impone, y viajamos a la ciudad de Montevideo para encontrarnos con nuestros hermanos uruguayos y disfrutar de su arte y su cultura. Uno de los lugares privilegiados para acercarnos a sus múltiples formas de expresión es sin dudas el prestigioso Auditorio Nacional del Sodre, un templo cultural por el que han transitado numerosas figuras nacionales e internacionales. En esta oportunidad, tuvimos el honor de asistir a una de las funciones de Carmen: la legendaria obra de Georges Bizet con coreografía de Marcia Haydée, dirección musical de Martín García y participación estelar de la bailarina María Noel Riccetto en el rol protagónico. Una pieza sumamente recomendable que podrá verse hasta el domingo 21 de agosto en la sala Eduardo Fabini del Auditorio Nacional Adela Reta (Montevideo, Uruguay).

Cuando pensamos en danza solemos asociar esta forma de expresión artística a la idea de un cuerpo en movimiento. Si hablamos de Carmen -aquella legendaria ópera compuesta por Georges Bizet y estrenada allá por 1875- es claro que el corazón de su argumento le brinda a cualquier creador múltiples posibilidades para llevar esa idea a su máxima expresión. En este caso, la coreógrafa Marcia Haydée ha sabido capitalizar todas y cada una de esas posibilidades a la hora de trabajar un concepto y ponerlo en escena. Su versión de Carmen para ballet es osada, provocadora y -al mismo tiempo- de una gran sutileza. ¿Cómo logra conjugar elementos tan disímiles en su puesta? He aquí la destreza propia de la mano de una buena artesana.

La historia es ampliamente conocida, pero no viene mal refrescar ciertos detalles. Carmen es trabajadora en una fábrica de puros y -por naturaleza- una mujer de espíritu libre y un tanto pendenciera. Al inicio del primer acto tiene una discusión con la dueña de la fábrica -una mujer adusta y demasiado estricta con sus empleadas-, que desemboca en un llamado desesperado a los guardias del pueblo y, finalmente, con la rebelde Carmen tras las rejas. Durante su estadía en la prisión, la muchacha no pierde el tiempo y decide seducir a Don José -el oficial a cargo- para que la libere. La estrategia resulta eficaz y el joven queda prendado de ella a tal punto que, enredado en su telaraña, los roles se invierten: Carmen logra huir y él queda recluido en el calabozo. La obsesión de Don José por Carmen es voraz, incontenible y decididamente peligrosa; el primer acto finaliza con un oficial muerto a manos del enamorado por obra de los celos.

En Carmen se evidencia la necesidad de carácter corporal, fortaleza de espíritu y sensibilidad en el alma; y estos artistas sin dudas cuentan con todos estos condimentos.

Durante el segundo acto se desata la pasión en su versión más cruel, desgarrada y -para decirlo en términos actuales- patológica. Carmen parece estar harta del amor enfermizo de Don José, quien se ha convertido en un ser despreciable a causa del fuego pasional. Y es aquí donde entra en escena el “tercero en discordia”: Escamillo, torero y gran seductor codiciado por las damas del pueblo. Él y Carmen se sacan chispas en el noble arte de la seducción y, para perdición del pobre Don José, acaban juntos pavoneándose en medio de la plaza pública. Tal como es de esperar, el descorazonado enloquece y toma la única decisión que finalmente le permitirá poseer a Carmen: la asesina. En su estado demencial, arriba a la conclusión de que sólo podrá apropiarse de ella a través de la muerte.

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A esta altura y después de 140 años de su estreno, Carmen se ha convertido en un clásico que goza de larga vida; alrededor del mundo se estrenan nuevas versiones cada año y continúa en plena vigencia porque, ciertamente, aún tiene muchas cosas para decir sobre nosotros y nuestras realidades. La versión de Haydée es una excelente combinación de tradición e innovación, y el cuerpo estable del Ballet Nacional del Sodre (liderado por el gran Julio Bocca) concreta su idea con excelencia. En la función presenciada por La Primera Piedra, Careliz Povea danzó en el rol de Carmen, Ciro Tamayo en el de Don José  y Lucas Erni como Escamillo; los tres merecen menciones especiales. Aquí la destreza adquirida gracias a la formación artística y a la dedicación para el entrenamiento diario no parecen poder explicarlo todo; en Carmen se evidencia la necesidad de carácter corporal, fortaleza de espíritu y sensibilidad en el alma; y estos artistas sin dudas cuentan con todos estos condimentos.

La pieza es atrapante no sólo por lo que cuenta sino -y sobre todo- por cómo lo cuenta. Reducir la totalidad del argumento a las palabras seducción, sensualidad o pasión, nos conduciría irrevocablemente a un reduccionismo burdo. Carmen nos habla, entre otras cosas, de rebeldía y de libertad: libertad en el cuerpo y en cada uno de sus movimientos como reflejo de la libertad en el alma después de haber adquirido alas para volar. Carmen nos habla de amor, de pasión, de locura, de celos, de obsesiones, de traición y de muerte; nos habla de la idea de aniquilamiento como única forma de posesión, del lado más descarnado del amor pero también de sus componentes más nobles: la inocencia, la sensibilidad, la libertad. Cuando pensamos en estos personajes solemos asociarlos al fuego de la pasión más irracional, pero quizás no haya nada de escandaloso en algunos de sus comportamientos si intentamos corrernos de nuestra propia perspectiva (muchas veces regida inconscientemente por los valores del orden y el recato), y nos atrevemos a asomarnos a otros horizontes para ponernos en los zapatos de esos seres “desbordados e irracionales” a los que tan fácilmente señalamos y condenamos. En definitiva, se trata aquí de seres libres que han sido desplazados desde el centro del decoro de esa plaza pública hacia los márgenes de la sociedad, a causa de su propia historia; los jueces del mundo (aquel viejo mundo de Prosper Merimee y este nuestro, el de hoy) los han arrojado hacia los bordes.

El concepto que Marcia Haydée propone en esta puesta nos permite discurrir por estos callejones, y la potencia del BNS encarna esos conceptos de un modo maravilloso, con la osadía y el vértigo necesarios para encarar un proyecto de tales características. La escena del juego de seducción entre Carmen y Don José, con sus cuerpos unidos a lo largo de todo el cuadro por una cuerda, es de las más sugerentes a nivel conceptual; cuánto puede decirse con sólo dos cuerpos, sus movimientos, sus figuras y un pedazo de cuerda: las idas y venidas de la seducción en su estado más puro. En Carmen se evidencia la presencia del cuerpo como instrumento expresivo, como vía excelsa para comunicar, para transmitir sentidos y apropiarse de ellos: el cuerpo como uno de los espacios de mayor polisemia, con sus múltiples significados y libertades en lo que a movimiento respecta. El cuerpo habla.

Aquí sin dudas cada detalle ha sido pensado minuciosamente: la dirección musical de Martín García a la cabeza de la Orquesta Sinfónica del Sodre; los arreglos musicales de Albena Dobreva; el diseño de escenografía y vestuario a cargo de Pablo Núñez, de esa sencillez poderosa capaz de imprimir un sentido en cada tela, en cada tul y en cada decorado; y el diseño de iluminación de Claudia Sánchez, que puede resultar casi imperceptible pero que opera como una fabublosa guía para el espectador al poner el foco de su atención allí donde se desata el peso dramático de la acción en las diversas escenas de la trama.  Cada uno de estos eslabones forma parte del gran círculo virtuoso que constituye Carmen, y entre todos componen una arquitectura sólida, una estructura diseñada con el cuidado que una obra de arte de tamaña dimensión merece. Vale la pena acercarse a la hermosa sala Eduardo Fabini del Auditorio Nacional Adela Reta y disfrutar de las funciones que quedan en este fin de semana; una excelente oportunidad para nuestros amigos uruguayos y para nuestros compatriotas argentinos que deseen escaparse en estos días y absorber un poco de la maravillosa cultura rioplatense.


FUNCIONES
Viernes 19 (20 hs.), sábado 20 y domingo 21 (14 y 18 hs.)
Localidades desde $160
Auditorio Nacional Adela Reta – Sala Eduardo Fabini (Andes 1455, entre Mercedes y Uruguay)

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA
Título: Carmen
Coreografía: Marcia Haydée
Música original: Georges Bizet
Maestro repositor: Pablo Aharonian
Arreglos musicales: Albena Dobreva
Orquesta: Orquesta Sinfónica del Sodre
Director musical: Mtro. Martín García
Asistente de dirección. Daniel Hasaj
Diseño de escenografía y vestuario: Pablo Núñez
Diseño de iluminación: Claudia Sánchez
Realización de vestuario: Teatro Municipal de Santiago
Realización de escenografía: Talleres Auditorio Nacional
Producción general: BNS – Auditorio Nacional – Sodre
Stage manager: Gunilla Álvarez
Duración: 100 minutos (con intervalo de 15 min.)

 

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