Reseñas Caprichosas – “Tendido Eléctrico” de Gustavo Yuste: Sobre lo oculto y lo visible

por colaboradores

Walter Lezcano leyó Tendido Eléctrico (Objeto Editorial, 2016) de Gustavo Yuste y  se pregunta: ¿Cómo hablar de lo evidente? ¿Con qué palabras? ¿Qué me sirve más: lo que aprendí en la calle, en la academia, en los diccionarios, mirando la televisión o lo que me enseñaron en la cama mis parejas? y resuelve que una primera aproximación podría ser esta: Tendido eléctrico es enfoque y edición. O, mejor, qué dejar adentro, qué dejar afuera y que esas decisiones no te caguen el día.  


Sobre el autor

13502012_1144373172287302_4701380696551743808_nGustavo Yuste nació en la Ciudad de Buenos Aires en 1992. Es periodista y escritor. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UBA. Colaboró para distintos medios y actualmente es corresponsal de El Ciudadano (Chile). En 2015 participó de la antología de poesía Apología 2 (Letras del Sur Editora) y publicó su primer poemario: Obsolescencia Programada (Eloísa Cartonera). Forma parte de los jurados de selección para Apología 3 (Letras del Sur Editora, 2016) y del Premio Sudaca Border en Eloísa Cartonera. En abril publicó su segundo poemario: Tendido Eléctrico (Objeto Editorial, 2016).

Sobre el autor de la reseña

Walter Lezcano nació en Goya, Corrientes, en 1979. Es docente y periodista freelance. Colabora en Tiempo Argentino, Ni a palos (suplemento joven del diario Miradas al Sur), Brando, Rolling Stone, Revista Ñ, Eterna cadencia y Crisis. Es editor en Editorial Mancha de Aceite, la primera editorial de San Francisco Solano. En ficción publicó Los mantenidos (Funesiana, 2011), Tirando los perros(Gigante, 2012), Los Wachos (Editorial Conejos, 2015), entre otros. Algunos de sus libros de poesía son: 23 patadas en la cabeza (Eloísa Cartonera, 2015), La vida real (Viajera Insomne, 2015), El condensador de flujo (La carretilla roja, 2015).

(Leer nota relacionada: ¿Qué es la poesía? #11 Walter Lezcano: “La poesía tiene algo difuso, nebuloso, un poco caótico”)


Lo oculto y lo visible 

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Me gusta pensar que los libros de poesía –los buenos libros de poesía- tienen, en el fondo, una misión modesta: intentar definir qué es la poesía y cuáles son sus alcances. Es decir: un buen verso es aquel que dialoga con su tiempo, con la tradición, y, por elevación, con el futuro.

Y es que todos venimos de ahí, y, en algún sentido, todavía no pudimos movernos mucho: de las cuevas. A veces son cuevas simbólicas, a veces reales, pero muchas veces son modos esquemáticos de concebir la existencia, en definitiva: nos rendimos con demasiada facilidad a lugares comunes. Y la poesía intenta filtrar algo de luz o desautiomatizar lo cotidiano, como me dijo el carnicero el otro día hablando de echar al Tata Martino. La poesía, decíamos, deja pasar lo trascendente en lugares inhóspitos.

tendido eléctricoEsta posibilidad, esta apertura, no se da de manera sencilla porque en esta vida nada —nada en serio— es sencillo. ¿Cómo hablar de lo evidente? ¿Con qué palabras? ¿Qué me sirve más: lo que aprendí en la calle, en la academia, en los diccionarios, mirando la televisión o lo que me enseñaron en la cama mis parejas?

Vivir por momento se define en estas elecciones: muerte lenta o muerte rápida. Pero también está la cuestión de la perspectiva: cómo mirar, dónde poner la cámara, sobre qué hacer foco. Recorrer un espacio termina siendo una aventura y un verdadero descubrimiento si nos tomamos el verdadero trabajo de mirar.

Desde ahí, creo, parte Gustavo Yuste en su segundo libro: de preguntarse dónde poner el ojo. Pero también dónde cortar y pasar a otra cosa. Una primera aproximación podría ser entonces esta: Tendido eléctrico es enfoque y edición. O, mejor, qué dejar adentro, qué dejar afuera y que esas decisiones no te caguen el día.

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Como los cassettes y los vinilos, Tendido eléctrico tiene un lado A y un lado B. El libro busca construir un buen repertorio, armar un buen viaje. Y como todo viaje, como todo buen viaje, hay distintos momentos que se atraviesan: el amor, el silencio post coital, la soledad, el luto, la modesta alegría, entre otras. De todas formas es un recorrido que evita las grandes turbulencias y los higthlights. Yuste hace algo complicado: escribe como si tuviera todo el tiempo por delante y no necesitara dejar frases memorables. De esas que después aparecen mal citadas en el subte, por ejemplo. En Desidia dice: “No tomarse muy en serio/ tiene sus consecuencias”. Y es cierto eso: este libro no se toma en serio la dictadura de la juventud como temática, a pesar de que Yuste es joven, ni la imposición de mirarse con extrema seriedad el propio ombligo. Porque aunque no lo crean hay vida del otro lado del ombligo. Y esa es otra de las cosas que se pueden decir de este libro: Tendido elécrtico levanta la vista y trata de indagar y correr los decorados de la rutina del día a día.

3

Gustavo Yuste además de poeta es periodista y ferviente lector de sus contemporáneos. Se nota: le interesa el tiempo que le toca vivir y cómo viven y escriben los que tiene al lado. Le caben lo oculto (que sería la poesía) y lo visible (que sería eso que le da guita para subsistir y algunos llaman “novedad”). No sé cómo funciona todo eso en él a la hora de escribir, pero estoy seguro de algo: toda esa información es un magma caliente que lo ayuda a tener más herramientas a la hora de  construir sus poemas.

Los textos de Tendido eléctrico dejan eso en evidencia (y esto es lo último que quería decir): que no siempre lo que está a la vista es la fuerza que pone en funcionamiento a una vida. Algunos hacen su trabajo con humildad sin importarles la trascendencia fácil, demagógica. Por cosas como estas, y volviendo al principio, Tendido eléctrico es un buen libro de poesía y hay que leerlo.


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