Entrevista a Mario Méndez: “El Estado no tiene que ganar plata, tiene que atender a su pueblo”

por Laura Verdile

Charla con el escritor y co-fundador del Colectivo de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ), Mario Méndez. “Es un lugar político para hacer denuncias, llamar la atención, convocar asambleas”, afirma sobre este espacio, surgido a principios de 2016 a partir de la represión a la murga Los Auténticos Reyes del Ritmo en la villa 1-11-14. El trabajo del Colectivo LIJ y la situación actual de políticas culturales como el Plan Nacional de Lectura, en la siguiente entrevista. 


Sobre el autor

Mario Méndez nació en Mar del Plata en 1965, pero vive en Buenos Aires desde hace más de treintMario-Mendeza años. Estudió Realización Cinematográfica en la Escuela de Cine de Avellaneda y Edición en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y autor de numerosos cuentos y novelas para niños y adultos. Coordinó talleres literarios para chicos en situación de calle y participó de de diversas programas para bibliotecas populares, comedores comunitarios y centros culturales. Entre algunos de sus títulos más destacados en el ámbito de la literatura infantil y juvenil se encuentran Cabo Fantasma (Alfaguara, 1998), ganadora del Premio Fantasía de Narrativa, El Partido (Crecer Creando, 2006), El vuelo del dragón (editado en Argentina y Puerto Rico) y El monstruo del arroyo (editado en Argentina, Uruguay y México)


— ¿Cómo surgió la idea del Colectivo de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ)?

— El Colectivo LIJ surgió el verano pasado con mucha fuerza, luego de la represión a los Auténticos Reyes del  Ritmo en la villa 1-11-14, que nos dejó esa sensación de “con los pibes no”. No sólo reprimieron una murga llena de pibes, sino que, al otro día, la ministra de Seguridad salió a solidarizarse con los gendarmes. A partir de ahí surgió espontáneamente un dibujo de Nerina Canzi y un mail que escribió Silvina [Rocha] para hacer algo frente a los atropellos a los chicos y a las políticas culturales. Alrededor de eso, muchos empezamos a armar textos, cuentos, poesías, relatos y muchas ilustraciones. Así se formó el Colectivo de Literatura Infantil y Juvenil, un espacio muy amplio, convocado por gente que circula en el ámbito, pero que no se dedica a la crítica literaria. Es un lugar político para hacer denuncias, llamar la atención, convocar asambleas.

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—  Ese también fue el inicio del libro Hasta la Vida.

— Exacto, luego de todos esos trabajos que se fueron subiendo espontáneamente a la web, recibimos la llamada de Verónica Parodi, directora del Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECuNHi). La idea era hacer allí una muestra y convertir eso en un libro. Así fue cómo surgió el lanzamiento del sello ECuNHi con el libro Hasta la Vida. Después hicieron también un acuerdo con el Centro Cultural de la Cooperación para sacar un segundo libro del sello a partir del concurso “Quién apaga las estrellas”, que se realiza todos los años. Es la cuarta edición pero, hasta ahora, las publicaciones anteriores eran bancadas por el Plan Nacional de Lectura. Ahora no hay un peso, pero la idea era seguir convocando y, en todo caso, publicarlo digitalmente. El año pasado me tocó ser jurado junto a María Fernanda Maquiera y Pablo Bernasconi.


hasta la vida

“Hasta la Vida” – Presentación en Jitanfáfora, Mar del Plata


— ¿Cuál es la situación actual del ECuNHi?

El ECuNHi está completamente desfinanciado desde que asumió el gobierno de Macri. La financiación se está haciendo a pulmón, se siguieron haciendo talleres, cursos y festivales con el sistema de aporte voluntario, sin cobrar arancel. No hay fondos para solventar el transporte de las visitas de las escuelas públicas, por ejemplo. Se había hablado con varias instituciones, con gobiernos de provincias, municipales afines, pero no hubo mucho avance. Se sostiene gracias a la gente que trabaja y que lo hace gratis, sin un sueldo. Todo lo contrario a lo que decían de los trabajadores “ñoquis”. Es gente que no cobra, que lo hace del corazón y eso es maravilloso.

El ECUnHi se sostiene gracias a la gente que trabaja y que lo hace gratis, sin un sueldo. Todo lo contrario a lo que decían de los trabajadores “ñoquis”. Es gente que no cobra, que lo hace del corazón y eso es maravilloso.

— El Colectivo también convocó una asamblea para dar cuenta de la situación institucional respecto a su ámbito de trabajo. ¿En qué consistió?

— La asamblea fue convocada en ocasión de la Feria del Libro para informarnos sobre la situación de las políticas que afectan directamente a nuestro campo en tanto trabajadores de la literatura para chicos y jóvenes. Asistieron compañeras del interior, como Natalia Porta López, que lleva adelante el Foro de la Fundación Mempo Giardinelli en Resistencia, Chaco y era coordinadora de la zona noreste del Plan Nacional de Lectura. También convocamos a Adriana Redondo, una de las directoras que quedaba del plan, al director de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), Leandro de Sagastizábal, que envió a un representante, y a Gustavo Mazali del Instituto Nacional de Artes Gráficas (INAG).


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Presentación del libro “Hasta la Vida” en la 42° Feria del Libro de Buenos Aires


— ¿Cuáles fueron las preocupaciones planteadas?

—  Respecto de la CONABIP, todos los años, los bibliotecarios del interior tienen una suma fija para gastar en la Feria del Libro. Nosotros queríamos saber qué pasaba con eso, puesto que habían empezado a circular denuncias de que la plata no llegaba y de que no iban a poder asistir. Desde la CONABIP dijeron que la situación se debió a un recambio administrativo, pero que se tendría en cuenta a la gente que no había podido asistir para algunas ferias regionales y para la Feria del Libro Infantil que se hizo en el Centro Cultural Kirchner. Aunque hubo un porcentaje menor respecto del 2015, en ese sentido la CONABIP cumplió. También inició la campaña “Socios de la lectura” y convocaron a muchos escritores que fuimos a hacer trabajos pagos en bibliotecas.

Los 90 millones de libros que se compraron gracias al plan movieron la industria papelera, las imprentas, las editoriales y ayudaron a todos los que laburamos ahí: escritores, ilustradores, operarios, gente del transporte, entre muchos otros. Toda la rueda se movía, pero se nota que ahora eso no interesa.

— ¿Y con el Plan Nacional de Lectura qué fue lo que sucedió?

— El Plan Nacional de Lectura vegetó durante tres o cuatro meses con promesas a directores y coordinadores regionales de que iban a continuar en sus funciones. Luego fueron removidos y, hasta ahora, no hubo ningún relanzamiento. El ministro de Educación dijo incluso que no iba a haber más compras de libros, porque los que estaban no se leían, cosa que es mentira. Los libros se deberían renovar y eso, además, sería apostar a la industria, pero este proyecto económico no apuesta al consumo y a la industria local. Los 90 millones de libros que se compraron gracias al plan movieron la industria papelera, las imprentas, las editoriales y ayudaron a todos los que laburamos ahí: escritores, ilustradores, operarios, gente del transporte, entre muchos otros. Toda la rueda se movía, pero se nota que ahora eso no interesa.


Plan de Lectura - Mario Méndez en EEP 417 Vileleas 3

Mario Méndez en un taller en Chaco en el marco del Plan Nacional de Lectura


— Además permitía que la lectura llegara a lugares alejados de las zonas más céntricas del país.

— Eso está absolutamente perdido. Yo, por ejemplo, he ido a una escuela hogar en el Parque Nacional Puelo a la que se accede cruzando desde el pueblo en un barco, o pasando por el bosque a caballo o caminando. Los chicos viven en la escuela una semana y luego se van a sus casas. ¿Qué editorial va a mandarse para ahí ahora? Además eran cincuenta pibes que, económicamente no mueven la aguja. Ninguna editorial va a bancar que vaya un escritor, narrador o especialista a visitar a esos chicos. Esa es función del Estado. El plan llevaba a gente del medio a lugares muy alejados como Trebolares y a Toay en La Pampa. En Resistencia, Chaco, fuimos con Natalia Porta López a una zona inundada y trabajamos con los pibes y los padres que se encontraban en la escuela e hicimos un intercambio hermoso. Eso en las editoriales privadas no lo hacen, no solo porque no les interesa, sino porque tampoco pueden, eso lo tiene que hacer el Estado. Las editoriales tienen una función que es la de ganar plata para seguir editando. El Estado no tiene que ganar plata, tiene que atender a su pueblo.

Ninguna editorial va a bancar que vaya un escritor, narrador o especialista a visitar a esos chicos. Esa es función del Estado. El plan llevaba a gente del medio a lugares muy alejados como Trebolares y a Toay en La Pampa.

— Son lugares que sin el Plan Nacional de Lectura quedan desconectados.

— Totalmente. Desconectados de las novedades pedagógicas, de los escritores, de los planes de lectura. Es todo parte de una cuestión global económica de vaciamiento cultural, que excede a la LIJ. No interesa mucho la escuela pública, ni los que menos tienen. Hubo muchos espacios en relación a la infancia que murieron, como el plan Qunita o Libros y Casas, que era un programa del Ministerio de Cultura. Este proyecto contemplaba la entrega de casas, pero también de una biblioteca, concibiendo a los libros como un insumo necesario. De esta forma muchos autores también vieron sus obras distribuidas.

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— ¿Cuál fue tu participación como docente en talleres comunitarios y cuál es la importancia que tiene el sostenimiento de estos espacios?

— Trabajé durante varios años con chicos en situación de calle en un programa que se llama Puente Escolares, donde fui tallerista y maestro. También participo de Bibliotecas para Armar, en el que empezamos haciendo talleres literarios y cine debates en villas y centros comunitarios. Todos estos estos espacios están buenísimos, porque es una forma de llevarles a los chicos oportunidades culturales a las que en general no acceden.


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