Entrevista a Daniela Martagón, ilustradora de Wonder Ponder: “El objetivo es involucrar a nuestros lectores desde la curiosidad y el asombro”

por Laura Verdile

“Nunca me convenció demasiado la distancia física entre la obra y el público”, afirma Daniela Martagón, ilustradora y co-fundadora de Wonder Ponder, sello editorial español de filosofía visual para niños. En su búsqueda por abordar un proceso de trabajo más amplio e integral, conoció a Ellen Duthie y Raquel Martinez Uña , con las que fundó un proyecto floreciente que ya lleva publicados tres títulos. “El objetivo es involucrar a nuestros lectores desde la curiosidad y el asombro, desde la multiplicidad de significados, y alentar la creación de sus propias preguntas, hipótesis e imágenes”, afirma Martagón. Sus pasos en el mundo de la ilustración infantil, los inicios de Wonder Ponder y sus próximos proyectos, en la siguiente entrevista.


Sobre la ilustradora

Daniela Martagón nació en el Distrito Federal de México en 1986, pero vive en Madrid, España, desde hace cuatro años.  Es artista, ilustradmartagonora y docente. Durante su paso por la Escuela Peripatética Infantil de Gustavo Puerta Leisse, conoció a Ellen Duthie y Raquel Martinez Uña. Con ellas fundó, en 2014, Wonder Ponder, un sello editorial especializado en filosofía visual para niños. Martagón dicta además varios talleres sobre arte y pensamiento para niños y adultos y trabaja para múltiples editoriales infantiles como Narval Editores (España) Océano Travesía (México).


Sobre Wonder Ponder

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Wonder Ponder es un sello editorial español que invita a los niños a reflexionar y asombrarse. Creado en 2014 por Ellen Duthie, Daniela Martagón y Raquel Martinez Uña, inauguró un proyecto de filosofía visual que busca dialogar con los más chicos y entablar una relación distinta con los adultos, lejos de los adoctrinamientos y las imposiciones. Su formato original presenta láminas y pósters desplegables que, a través de ilustraciones y preguntas, invita a los lectores a jugar y cuestionarse sobre realidades establecidas.


— En primer lugar, ¿cómo fue que llegaste a ilustrar en el mundo de la literatura para niños? 

— Se debió a una serie de decisiones no muy conscientes que me fueron llevando desde el arte hasta el mundo editorial y la infancia. Me formé como pintora, pero nunca me convenció demasiado la distancia física entre la obra y el público, así como tampoco la actitud de contemplación como única posibilidad real de interacción con las piezas. Me cansé de ese medio y di un salto hacia el diseño. Mi primer trabajo fue elaborando materiales educativos para una empresa privada. Ahí aprendí muchas cosas, pero me di cuenta de que, como ilustradora, no tenía voz ni voto en cuanto a los contenidos con los que trabajaba; mi tarea era hacerlos atractivos y bonitos. Se suponía que debíamos apostar por la innovación y la originalidad, pero, al final, los objetivos de marketing eran los que más contaban y no había espacio ni tiempo para la reflexión. Entonces encontré un máster sobre Álbum Infantil Ilustrado en España y me mudé de México, un poco a lo loco. Así es como llegué a este sector. Desde entonces, he continuado mi formación y he compartido muchas cosas con colegas y amigos que trabajan en la LIJ, pero también en edición en general, en educación, bibliotecas, iniciativas de creación e innovación, etc.

Nunca me convenció demasiado la idea de una distancia física entre la obra y el público, así como tampoco la actitud de contemplación como única posibilidad real de interacción con las piezas.

— ¿Cómo surgió el proyecto de Filosofía Visual para Niños de Wonder Ponder?  

— Empezamos desde lo más concreto: con un material específico que provocara un tipo de relación con los lectores y que detonara el diálogo desde la imagen-escena. Al querer convertirlo en algo que llegase a otra escala, comenzamos a preguntarnos qué formato era el más adecuado para propiciar estas experiencias entre otras personas. La editora, Raquel Martínez Uña, se unió entonces al equipo y ahí empezó Wonder Ponder como tal. La idea de editar Mundo Cruel, el primer título de la serie, le parecía una locura a cuanta persona consultáramos y por eso nos lanzamos a hacerlo todo nosotras mismas. Y todo sucedió a la vez: desarrollar el formato, editar el libro, diseñar el nombre y la identidad del proyecto y la colección, crear la estructura empresarial. Sabíamos que era arriesgado, que era nuevo y difícil de catalogar, pero decidimos crear nuestro propio género al autodenominarnos “filosofía visual para niños”. Existen muchísimas cosas que pueden funcionar maravillosamente como estímulo para el diálogo filosófico. Sin embargo, no hay otro proyecto que diseñe y contraste los materiales desde la práctica con los lectores de múltiples edades y contextos y que preste la misma importancia a la creación y la lectura de la imagen, el texto y el formato.

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Taller de Wonder Ponder. Fuente: wonderponderonline.com

 — ¿Qué se proponen con el proyecto? 

— El objetivo es involucrar a nuestros lectores desde la curiosidad y el asombro, desde la multiplicidad de significados, y alentar la creación de sus propias preguntas, hipótesis e imágenes. Por otra parte, el catálogo y sus temas (crueldad, identidad, libertad, posibilidad e imposibilidad, realidad, imaginación y sueño, el sentido de la vida) apuesta por las grandes preguntas, las urgentes, verdaderas y cotidianas, a las que todos nos enfrentamos en el día a día sin importar la edad, pero sin por ello ponernos solemnes ni poéticos; es importante hacerlo de forma muy práctica y concreta. En ese sentido, trabajamos mucho para que los libros conecten con las experiencias de los niños más pequeños y también de los adultos más grandes. Hay varios niveles de lectura y complejidad posibles en cada escena. Procuramos hacer todo esto con humor, con un espíritu seriamente juguetón y con el fin de preguntar y dialogar por placer.

El objetivo es involucrar a nuestros lectores desde la curiosidad y el asombro, desde la multiplicidad de significados, y alentar la creación de sus propias preguntas, hipótesis e imágenes.

— ¿Cómo surgió la idea de Mundo Cruel? 

— Todo empezó inocentemente como un ejercicio en el aula que probé junto con la filósofa Ellen Duthie. Ellen es amiga mía y, en una ocasión, me comentó que necesitaba una serie de ilustraciones para hablar sobre la crueldad con su grupo de filosofía con niños de preescolar. Ella generalmente utiliza álbumes muy buenos como estímulo para el diálogo con los niños, pero con este tema en concreto le resultaba difícil hallar un único libro o ejemplo que pudiera aportar suficientes matices a la conversación. Ellen pensó en una lista de escenas y yo las ilustré. El tema de la crueldad me gustaba especialmente, porque exigía un buen reto: implicar verdaderamente a los niños en algo que es extrañamente incómodo y reprobable, pero a la vez fascinante y, al hacerlo, evitar a toda costa un tinte moralista. Así que, a lo que Ellen planteó, yo agregué un toque de humor y maldad extra y una composición fuerte y directa. Funcionó de maravilla y así comenzó la idea de convertir el ejercicio en algo más. 

— Teniendo en cuenta que la serie de Wonder Ponder trabaja con el concepto del libro-álbum y del libro-juego, ¿qué papel juegan allí las ilustraciones? ¿Qué se busca provocar con ellas? 

—  Las escenas, formadas por una ilustración y un pequeño caption o texto, son el anzuelo, el detonador del diálogo, pero también el ancla. Su poder consiste ser inmediatas, directas pero, a la vez, complejas cuando se examinan con profundidad. Es un universo entero al que entras en segundos. Deben ser legibles, resultar intrigantes y poder sostener varias interpretaciones posibles. En la medida en que esto suceda, el lector querrá comprender qué es lo que pasa, pero, al no tener toda la información, necesitará elaborar diferentes hipótesis que pueden cambiar según la edad o las relecturas. Las preguntas al dorso de las imágenes aumentan el registro y los matices de la escena, te llevan de lo concreto a lo abstracto y proponen a veces algunas variaciones totalmente fuera de lo ilustrado. Sin embargo, en el diálogo, siempre es importante poder volver a anclarse en el ejemplo tangible de la escena, para no irse por las nubes y tener una referencia común con las personas que dialogan. Otra gran virtud de este formato es su permanencia en la memoria. Al tratarse de pequeñas piezas tan concentradas pero sencillas es fácil recordarlas y volver a ellas incluso sin tener el libro a mano. En ese sentido hablamos de crear mapas visuales filosóficos.

El tema de la crueldad me gustaba especialmente, porque exigía un buen reto: implicar verdaderamente a los niños en algo que es extrañamente incómodo y reprobable, pero a la vez fascinante y, al hacerlo, evitar a toda costa un tinte moralista.

¿Cómo es el proceso de creación del libro y la elección de temáticas que abordan? 

—  En Wonder Ponder, tenemos un método de trabajo muy atípico y poco jerárquico. Somos tres autoras sentadas en una gran mesa metiéndonos en todo. Al principio, todo es diversión, pensar y divagar y buscar referencias, todo vale. Luego, Ellen suele hacerse una guía previa de preguntas, temas, referencias, dilemas filosóficos, etc. Yo también hago una por mi parte, como una primera recopilación caótica de palabras, situaciones y preguntas que vamos cotejando y dividiendo en grupos principales. Las ideas surgen de preguntas que les interesan especialmente a los niños, cuando hacemos diálogos con ellos, o en ejercicios que salen de talleres. Con todo esto, se crea el mapa de base y la lista de escenas. En esta parte, suelo tener que avanzar un buen tramo sola, porque no todas las ideas son muy ilustrables en el formato que hemos elegido. Cuando ya hay algo de material, lo revisamos y Ellen y Raquel redactan las preguntas principales. Y así podemos durar muchas semanas, en el tire y afloje de afinar escenas, descartarlas, hacer muchas variaciones. En el proceso contamos con muchos otros ojos para ir calibrando el camino: otros ilustradores, escritores, editores, libreros, maestros, niños, familia, vecinos…de todo. Es muy importante, porque vemos otras interpretaciones y nos aseguramos de que no haya cosas innecesarias o confusas. 

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Taller para niños de Wonder Ponder. Fuente: wonderponderonline.com

— ¿Cuáles son las mayores dificultades que tienen que atravesar?

Lo más difícil es hacia el final, cuando hay que decidir lo que se queda y lo que no. Todo tiene que caber en una cajita con 14 escenas, una mini guía, algunas propuestas y un póster. Los textos de varias cuartillas tienen que condensarse en pocos párrafos, esa tarea es muy complicada también. Pero nos ayudan los límites. De lo contrario, no terminaríamos nunca. Y eso es lo bueno, que en realidad nuestros libros no están pensados para leerse como acabados. Digamos que procuramos proporcionar la base más completa y variada que podemos, pero claramente sabemos que hay mucho mucho más de qué hablar y el mapa puede ser completado por cada lector, si así lo desea.

¿Qué respuestas observan en los lectores? 

— Hay curiosidad, intriga, risas incómodas, desacuerdos,  miradas tímidas de complicidad, carcajadas liberadoras, asombro. En los adultos hay algo de shock, miedo o indignación (las menos de las veces). Siempre hay más dudas que al principio. Hay algo de todo, pero lo que es un hecho es que nadie se queda como si nada.

¿Hubo algún elemento de tu experiencia propia que consideraste importante para el diseño del proyecto? 

— Para poder diseñar Wonder Ponder, ha sido importante la experiencia y perspectiva que he tenido desde diferentes sectores. Por ejemplo, poder compatibilizar el lado artístico, el de la comunicación y el comercial en un único proyecto. De mi formación artística, agradezco profundamente el aprendizaje de investigar desde los materiales y no desde objetivos externos, el tener muchas referencias visuales y culturales y el utilizar el dibujo como una forma de pensamiento. Del diseño y el márketing, he aprendido que las cosas tienen que ser escogidas por los usuarios, y para, que eso pase, no puedes perder la atención de la mirada en un mar de competencia. De la comunicación y de los museos, entendí que las cosas funcionan o no funcionan y que, si hay que explicarlo, entonces significa que algo va mal. Del mundo de la LIJ, de la filosofía y la infancia, he aprendido a replantearme y tener en cuenta continuamente varios puntos de vista y a trabajar para los lectores. Todos los sectores tienen sus fórmulas y principios, pero, al final, lo que mejor resulta es tomar lo que se necesita e inventarlo si no existe.

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Proyecto Filosofía para Niños en la Frontera. Fuente: wonderponderonline.com

También trabajaste en Filosofía para Niños en la Frontera, ¿cómo fue esa experiencia? 

— Ha sido muy interesante y alentadora. El proyecto en la frontera ha sido posible gracias a la doctora Amy Reed-Sandoval, quien dirige Philosophy for Children in the Borderlands en la ciudad de El Paso, Texas.  Coincidimos en México, en el 2015, y ahí comenzó la idea entusiasta aunque abstracta de hacer algo juntas. Amy llevó los libros de Wonder Ponder al programa que lleva a cabo con sus estudiantes de filosofía de la Universidad de El Paso y los niños de la comunidad chicana y mexicana del centro Rayito de Sol. Desde entonces utilizan frecuentemente nuestros materiales con los niños y los resultados siempre han sido muy buenos. Más adelante, surgió la oportunidad de plantear un proyecto desarrollado ex profeso para esta comunidad en el marco de una beca que otorga la Asociación Americana de Filosofía . La propuesta fue diseñar una exposición de filosofía visual para niños en un museo local llamado Mujer Obrera, ubicado en un barrio muy popular de población mayoritariamente chicana.

¿De qué trata eso?

— La exposición, que sigue abierta al público, tiene por tema la libertad y se basa en la investigación que realizamos para Lo que tú quieras, el tercer título de la serie de Wonder Ponder. El tema venía como anillo al dedo para este proyecto tan empoderador, que da voz y espacio a los niños chicanos, que hace visible la complejidad y riqueza de su realidad cultural, y de las familias e iniciativas tan diversas que buscan entenderse y dialogar en un lugar como El Paso. Formar parte de eso ha sido un honor. Y, al igual que Wonder Ponder, ha sido una gran oportunidad para empezar a explorar otros formatos y posibilidades de interacción con los lectores. Por una parte teníamos a escala nuestras escenas impresas, pero también jugamos a llevar algunos ejemplos a la tercera dimensión, a invitar a expresarse públicamente dentro del museo, a crear espacios físicos para ser modificados por los niños, etc. Los estudiantes de filosofía pueden desarrollar ahí los diálogos con los niños, pero también pueden acercarse las familias y otros integrantes de la comunidad. Ha sido muy emocionante ver la recepción de este proyecto por parte de todos.

Hay curiosidad, intriga, risas incómodas, desacuerdos,  miradas tímidas de complicidad, carcajadas liberadoras, asombro. En los adultos hay algo de shock, miedo o indignación (las menos de las veces). Siempre hay más dudas que al principio. Hay algo de todo, pero lo que es un hecho es que nadie se queda como si nada.

¿Cuáles son tus próximos proyectos dentro de Wonder Ponder?

 — Vamos por la mitad de la colección, así que tenemos la otra parte avanzando poco a poco. Sin embargo, Wonder Ponder no se trata solamente de los libros. Están los talleres de los cuales surgen los libros y las ideas, y en varias modalidades. Realizamos talleres de filosofía y arte para niños pero también para mediadores que están interesados en hacer filosofía con niños a través de nuevas dinámicas y materiales. Nos interesa probar nuevas estrategias y combinaciones. Por ejemplo, buscar el diálogo entre niños y adultos que no sean familiares. También trabajamos con creadores y profesionales que desean darle una vuelta al proceso de creación en su trabajo, enfocándonos en la pregunta como base y guía para desarrollar proyectos. Por otra parte está el tema de las exposiciones y buscar espacios y modelos públicos para la filosofía visual. Eso promete mucho trabajo.


Foto de portada: wonderponderonline.com

 

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