Aurora Bernárdez y la última historia de amor de Julio Cortázar

por Gustavo Yuste

Ya pasaron más de 30 años de la muerte de Julio Cortázar, pero aún sigue escribiendo historias memorables. El 8 de noviembre del 2014 fallecía en París Aurora Bernárdez, primera esposa y albacea literaria del escritor argentino, a los 94 años de edad. Después de años marcados por el amor y la amistad, ambos se reecontraron por última vez en una historia digna de la talla de Cortázar. Enterate de qué se trata en la siguiente nota.


El amor y la camaradería ante todo

Tras pasar días internada por un accidente cardiovascular en el hospital Sainte-Anne, ubicado en el distrito XIV de la capital francesa, el 8 de noviembre del 2014 fallecía a los 94 años Aurora Bernárdez, primera esposa de Julio Cortázar y eterna compañera del autor de Rayuela.

Hasta sus últimos días, Bernárdez trabajaba con la obra de Cortázar, ya que el propio escritor, antes de morir, la había nombrado su albacea literaria. El Cronopio Mayor y Bernárdez se conocieron a fines de la década del cuarenta en Buenos Aires, poco antes de que Cortázar se instalara definitivamente e París. Al poco tiempo, Bernárdez también viajará a Europa para vivir con él.

“Me resulta muy extraordinario pensar que, antes de salir de Buenos Aires, (…) exactamente un mes antes, descubrí lo que nunca hubiera creído posible descubrir en mí sin sospecha de mentira o autoengaño. Tuve el valor de hacerme las preguntas escenciales y salí limpio de la prueba. Pude hablar, pude decirle a Aurora lo que tenía que decirle, y pude venirme a Francia sin ninguna esperanza, pero con la serenidad que era por sí sola una altísima recompensa a mí cariño. El resto lo sabes, ella ha venido a su vez, está aquí, su mano duerme de noche entre las mías. Y esta felicidad se parece tanto a un huracán que me da miedo” (Carta a Eduardo Jonquieres, 16 de marzo de 1953)

Aurora Bernárdez estuvo casada durante 14 años con el autor de Rayuela, en un matrimonio que según Cortázar tenía una “buena costumbre”: estar de acuerdo en lo fundamental y discutir como leopardos sobre lo nimio. Mario Vargas Llosa, amigo íntimo de la pareja, relata cual era la impresión de observarlos andar juntos: “Nunca he olvidado la impresión que me hizo esa noche la conversación de esa pareja tan dispareja. Parecían haber leído todos los libros, sólo decían cosas inteligentes y había entre ellos una complicidad tal en lo que contaban —se pasaban la palabra como los palitroques dos diestros funámbulos— que, se diría, habían llevado todo aquello ensayado.”

Rayuela LSF

(Leer nota relacionada: La vuelta a Julio Cortázar en 80 citas)


Cortazar09


La pareja de separó en 1967/1968, coincidiendo con la revolución personal que atravesaba el propio Cortázar tanto en su literatura como en su vida personal, inmiscuyéndose profundamente en la arena política de la época. La ruptura se dio en buenos términos y entre ellos quedó una relación de cariño, amistad y mutuo respeto que duraría hasta los últimos días del escritor. En una carta a Julio Silva, artista plástico y amigo del escritor, del 27 de Julio de 1968, Cortázar comenta:

“Una crisis lenta pero inevitable, un largo proceso de cuatro años, nos ha puesto frente a una situación que, como gente inteligente y que se quiere y estima, tratamos de resolver de la manera menos penosa posible. No te digo más, vos comprenderás de sobra, y pienso que si a comienzos de agosto tratás de ver a Aurora le hará sun gran bien y la ayudarás a situarse mejor en este nuevo plano en que ella y yo tendremos que movernos”.

A partir de ese distanciamiento, la relación entre los dos se volverá más espaciada, pero no por eso menos afectuosa y profunda. Lo cierto es que Aurora y Julio eran íntimos amigos, lo que queda demostrado con la amistad de la propia Bernárdez con Carol Dunlop, la última esposa de Cortázar. Ya sea en la enfermedad de Dunlop como en la del escritor argentino, Bernárdez tuvo un rol activo y solidario. Además, como es sabido, tanto Dunlop como Cortázar sabían la próxima muerte de su pareja, pero no la propia, y ambos decidieron guardar el secreto.

Dunlop fue la primera en morir en 1982, dejando al escritor en un estado depresivo profundo, pero alentado con su compromiso político y personal de seguir adelante. Aurora Bernárdez va a tener un rol fundamental acompañando a Cortázar, compartiendo horas de compañía y ayudándolo en los quehaceres cotidianos, hasta la muerte del autor de Bestiario el 12 de febrero de 1984:

“¿Sabían que (Aurora) vive  en mi casa? Me encontró tan enfermo y flaco hace tres meses, que renunció a irse a Deyá y se vino a hacerme la sopa, gracias a lo cual gané cinco de los diez kilos que había perdido” (Carta a Claribel Alegría, 19 de diciembre de 1983)


La última gran historia de Cortázar

Esta historia increíble data de 1956, cuando viajaron a la India y vieron en directo una ceremonia fúnebre tradicional hindú, que consiste en la cremación. Horrorizado por ese espectáculo, Cortázar instruyó a quien en ese momento era su esposa: “No quiero eso para mí “; “Yo tampoco”, le respondió ella, según relata Luis Corradini en La Nación.  Así, ambos se definían en contra de la incineración de sus cuerpos, apostando por el entierro de los mismos.

Como ya se dijo anteriormente, Cortázar fallecerá primero en 1984 y será enterrado junto a su última esposa Carol Dunlop en el cementerio de Montparnasse, compartiendo la la misma tumba. La lápida y la escultura que adornan la tumba fueron hechas por sus amigos, los artistas Julio Silva y Luis Tomasello.

El libro de aurora LSF


Tumba de Cortazar en Montparnasse


Así entonces, Aurora Bernárdez veía imposibilitada su anhelo de ser enterrada junto al cuerpo de Cortázar, ya que la capacidad del lecho estaba colmada. María Alejandra Bernárdez, su sobrina, en las  conversaciones que mantuvo con las 60 personas que asistieron a la ceremonia comentó la decisión que tuvo que tomar la familia Bernárdez para realizar ese deseo: cremar el cuerpo de Aurora, para que pudiera caber en la estructura y así no distanciarse de Cortázar, aunque tuvieran que pasar por arriba la decisión tomada en 1956 junto al escritor. El cariño había torcido la balanza a la hora de tomar esa decisión: el interminable cariño hacia Cortázar y el afecto a su nueva amiga, Carol Dunlop.

Luego de 30 años de su fallecimiento, Cortázar sigue escribiendo historias alrededor de su figura, colmadas de azar y amor. La muerte de Aurora Bernárdez quizás haya sido el último gran relato del enormísimo cronopio. O tal vez no.


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