Tienen las máquinas: la charla de editoras y la deconstrucción del ambiente literario

por colaboradores

El miércoles pasado tuvo lugar “Charla de editoras, encuentros y fricciones con la edición” en La Coop librería (Bulnes 640, CABA) y con amplia convocatoria, el encuentro tuvo el objetivo de poner en común experiencias y perspectivas de mujeres en el oficio. Pura autogestión, o con trayectoria en grandes grupos editoriales, de familia de editores o en absoluto pioneras, del conurbano, porteñas, con 2 libros editados o 100, fanzineras o de ediciones lujosas, 15 editoras se reunieron y surgió el debate. Te contamos lo que pasó y lo que vendrá, en la siguiente nota.

Por Melina Alexia Varnavoglou*

Prehistórica parece hoy la imagen de los salones literarios con editores de saco y pipa conversando con escritores y, detrás de escena, secretarias y correctoras confinadas al trabajo invisible del libro. Los datos de la industria local indican que estaríamos más bien ante la imagen opuesta, ya que hay más editoras que editores y en roles bien visibles: armando catálogo, dirigiendo colecciones y muchas a cargo de su editorial propia.

Sin embargo, la presencia sino exclusiva sí siempre mayoritaria de editores varones en paneles sobre edición, en ferias y festivales tanto del sector independiente como del mainstream, sigue siendo figurita repetida. Esta charla fue quizás un primer paso para revertir esa tendencia. Paula Brecciaroli (Editorial Conejos), una de las organizadoras de la Charla de editoras junto a Nadia Sol Caramella (Difusión A/terna Ediciones) y Gabriela Luzzi (Paisanita Editora) dijo a modo de balance: “Generó un espacio de visibilidad muy fuerte, que nos hace mostrar nuestro trabajo y vernos entre nosotras también. Fue maravilloso ver cómo éramos tantas”.

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Hay más editoras que editores y en roles bien visibles: armando catálogo, dirigiendo colecciones y muchas a cargo de su editorial propia.

Amuchadas en el entrepiso de la librería empezamos a conversar.  Clara Inés (Elemento Disruptivo) habló de su apuesta a primeros libros de autorx; hijas de la Flia, Paula y Anshi Moran de Milena Caserola narraron sus primeros pasos en la edición independiente. En contraste, trayectorias como la de Gabriela Franco (Random House-Tusquets), Mariel Montarti (Interzona-ongseller-Asunto impreso) o Fernanda Pampín, hija de Manuel, fundador de Ediciones Corregidor, donde ahora dirije la colección de literatura latinoamericana, se detuvieron en el cuidado de la relación autor-obra- público, destacando su rol como mediadoras trabajando a gran escala.

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La tarea de toda editorial influyente es también la de conectar sus publicaciones con lo que  pasa, intervenir con algo atemporal como un libro en una sociedad de tiempos cortos, vertiginosos, donde entra a veces en juego la contingencia. En ese sentido, Paulina Aliaga (Espacio Hudson) anunció con sorpresa la salida de imprenta de “Reuëmn”, una antología de poetas mujeres mapuches, a pocos días de saber de la desaparición de Santiago Maldonado.

editoras 3Se dieron a conocer también propuestas editoriales más que originales e inexploradas en el mercado, tales como la de Mariana Alonso que se acercó con su proyecto de lanzar una editorial de literatura oriental, pensando como pimer título la traduccion de un libro de haiku (“MON”) de un poeta japonés, inédito en español; o la titánica tarea de Laura Ponce (Ediciones Ayarmanot), quien sostiene una editorial de ciencia ficción, género orientado tradicionalmente a público masculino, donde además de novelas editó “Alucinadas”, una antología de cuentos de ciencia ficcion escitra por mujeres.

Luego de la ronda de presentación, se abrió el debate a partir de la siguiente pregunta: ¿porque hay más editoras se publican más mujeres? Para algunas esto se da de manera natural, como comenta Karina Maccio (Viajera Editorial): “edito con mujeres, leo mujeres, publico por lo general mujeres, son simplemente las que más me interesaron”. Y es que quizás por fin esté sucediendo: podemos decir que lxs escritores más famosxs sino también lxs más interesantes hoy en día son mujeres, porque por fin se dan a conocer, están cerca de circular en la misma medida que la obra escrita por hombres.

Los libros escritos por mujeres son leídos en un 80% por mujeres. Mientras que los escritos por hombres son leídos en un 50% por ambxs. Es decir, que estamos aún lejos siquiera de la igualdad formal en cuánto a cómo se nos lee

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Sin embargo, y como pensamos en torno a un dato que arroja Siri Husvedt en La mujer que mira a los hombres que mira a las mujeres, los libros escritos por mujeres son leídos en un 80% por mujeres. Mientras que los escritos por hombres son leídos en un 50% por ambxs. Es decir, que estamos aún lejos siquiera de la igualdad formal en cuánto a cómo se nos lee. Esto tenga quizás su origen en cómo llegamos a la publicación.  Ana Ojeda (8vo loco ediciones) compartió, en este sentido, algo que le molesta: una sobreabundancia de manuscritos de varones y en contraste, la dificultad de conseguir que autoras mujeres le enviaran sus libros.

editoras 2Esto, discutimos, se debe a las habilitaciones que creen tener los varones, asi como en otros ámbitos de la vida, para ser siempre legitimados y escuchados; en este caso, basicamente de creer que todo lo que escriben merece que se publique.  Conscientes de esta desigualdad la tarea que les ocupe a las editoras sea además, entonces, la de visibilizar.  Incorporar criterios de discriminación positiva (“cupos”) pareciera ser una estrategia a la hora de hacer una antología o una colección que incluya más mujeres que varones, como estableció Valeria Iglesias (Ediciones Outsider), pero ¿puede esto pasar definir el criterio completo de un catálogo?

Nadia Sol (hablando de su reciente colección,“Expansiva”) y Nurit Kasztelan (Editorial Excursiones) manifestaron que no habían podido lograr siempre esa paridad, por no encontrar obras de autoras mujeres que satisfacieran su criterio editorial. En el caso de la última (llevada a cabo también por la filósofa Sol Echeverría) editorial dedicada a ensayo, se enfrenta con un problema específico, que Monica Sifim (Ediciones Cienvolando) señaló enseguida: la abrumadora invisibilización de las mujeres en el campo de la teoría.

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Es el caso de todas las ensayistas del siglo pasado, muchas veces expulsadas por la propia radicalidad de su pensamiento de la academia, cuya obra recién después de décadas de investigación fue posible recuperar y hacer valer y que aún hoy siguen prácticamente ausentes en las bibliografías. El año que viene las Excursiones publicarán un libro de ensayo sobre poesía de Mercedes Roffé y una compilación de artículos inéditos de Sara Gallardo.

En el caso de Mutanta, editorial fanzinera del oeste, hay una posición bien definida al tema de la visibilización. Nace como una editorial cuyo fin es publicar autorxs disidentes. El formato del zine al ser barato de realizar y casi sin intermediarios, apropiado en clave feminista, les permitió pasar del “hacelo vos mismx” a “tenerlo todo, sin depender de ellos” comenta Natalia Iñiguez. Junto a Ternura Cyborg, Ausencia Editora y Profundo se proponen llevar a otra escala esa misión en “Casa de Zines”, una cooperativa de fanzines y publicaciones disidentes.

Las editoras existen, están unidas y sus libros surgen con la convicción de cambiar las reglas que el machismo ha impuesto a la literatura.

En algo todas están (estamos) de acuerdo: el rechazo (y su afortunada caída en desuso) de la categoría “literatura femenina”. La escritora lesbiana Monique Wiittig dijo ya en los 80 que usar este término “supone volver a afirmar que las mujeres no pertenecen a la historia y que la escritura no es una producción material”[1]. Así lo “femenino” siempre se ha pensado como lo opuesto a la universal. Como intervino Vanina Colagiovanni, feliz de celebrar los 100 títulos en Gog&Magog: “cuando un autor varón escribe una novela autobiográfica se dice que es una novela, en cambio si es una autora se dice que es una novela “confesional”.

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Muchas preguntas y problemas quedaron pendientes para una segunda reunión, como la relación editora-librera, pero la apuesta quedó firme: Las editoras existen, están unidas y sus libros surgen con la convicción de cambiar las reglas que el machismo ha impuesto a la literatura.


[1]             Monique Wittig, “El punto de vista ¿universal o particular?” en El pensamiento heterosexual (Colectivo Sudakuir, 1992)


Melina Alexia Varnavoglou
(m.varnavoglou@gmail.com)

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