Clases públicas: las calles que no callan

por Laura Gómez

La represión policial descargada contra los docentes el domingo a la noche tuvo una respuesta contundente, no sólo en el seno de la comunidad educativa sino también entre múltiples sectores de la sociedad civil. Enérgicos repudios se difundieron ya en las primeras horas, los gremios llamaron inmediatamente a un paro nacional educativo, y desde la Asociación Gremial Docente (AGD) se convocó a una jornada de clases públicas en Plaza de Mayo, como medida de fuerza para visibilizar una lucha que ya lleva varios meses y ninguna respuesta concreta por parte de la gestión de Mauricio Macri.



En un rincón, algunos estudiantes toman apuntes sobre las principales corrientes sociológicas; a unos metros de distancia, otro grupo copia intrincadas ecuaciones matemáticas en sus cuadernos cuadriculados; justo frente a la Casa Rosada, un profesor habla apasionadamente sobre literatura e historia luciendo la pechera del gremio; a su lado, mientras tanto, tres o cuatro estudiantes despliegan la inmensa bandera de la FUBA (Federación Universitaria de Buenos Aires). Todos custodiados por una serie de carteles escritos a mano y colgados en la reja que rodea la Pirámide de Mayo; uno de ellos, reza: “Ni palos, ni gases; dignidad y clases”. Este es el panorama que podía registrarse ayer desde las primeras horas de la mañana, en uno de los tantos recorridos posibles por las inmediaciones de Plaza de Mayo.

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Enérgico repudio contra los actos perpetrados por las fuerzas de seguridad en nombre de un orden social que en ningún momento se vio corrompido.

Después de algunas horas de tensión, mucha violencia y varios detenidos durante la noche del domingo, cuando la Policía Federal reprimió a un grupo de docentes que intentaban instalar -sin agresiones ni transgresiones a la ley- una escuela itinerante frente al Congreso como parte de la lucha por su dignidad laboral, las reacciones no se hicieron esperar. Numerosos sectores de la sociedad civil, organizaciones comunitarias, funcionarios, políticos y personalidades destacadas del ámbito público, expresaron su enérgico repudio contra los actos perpetrados por las fuerzas de seguridad en nombre de un orden social que en ningún momento se vio corrompido.

Hubo un apoyo masivo por parte del conjunto de los estudiantes (…), gran compromiso de los docentes universitarios al frente de las clases públicas y una explícita voluntad de continuar en esta lucha

Los gremios docentes, por su parte, decretaron un paro nacional educativo para el día de ayer, que registró distintos porcentajes de adhesión en cada una de las provincias. En este punto, sin embargo, cabe destacar que el número por sí mismo no dice mucho sobre la cuestión y obtura algunos aspectos que convendría señalar. Entre los asistentes, existe una gran porción de trabajadores que acuerdan con las razones del paro pero deciden concurrir a sus respectivas escuelas porque, de lo contrario, sus salarios se verían seriamente resentidos al final del mes. Así, el presentismo opera como mecanismo de amedrentamiento y condiciona severamente el pleno derecho a huelga del que los trabajadores gozan tan sólo en términos formales, pero no en los hechos. En medio de estas paradojas, esos docentes pasan a formar parte de un número estadístico que, sin ningún tipo de análisis, se vuelve contra ellos mismos en la liviandad que caracteriza al tratamiento mediático masivo.



Otra de las medidas de fuerza consistió en la convocatoria a una jornada de clases públicas en Plaza de Mayo, impulsada por AGD junto a varias agrupaciones estudiantiles de la Universidad de Buenos Aires, con el propósito de visibilizar esta lucha que, entre otros reclamos, contempla la apertura de una paritaria nacional, el cumplimiento pleno del convenio colectivo de trabajo, mayores partidas presupuestarias para el campo de la ciencia y la tecnología, y el fin de los contratos ad-honorem (algo que peligrosamente se ha naturalizado en instituciones tan prestigiosas como la UBA).

El presentismo opera como mecanismo de amedrentamiento y condiciona severamente el pleno derecho a huelga del que los trabajadores gozan tan sólo en términos formales, pero no en los hechos

CP 2Afortunadamente, la jornada del día de ayer tuvo un final mucho más digno que el del domingo pasado, y estuvo en armonía con los motivos de la convocatoria. Hubo un apoyo masivo por parte del conjunto de los estudiantes -agrupados y no agrupados- que asistieron desde las distintas facultades, gran compromiso de los docentes universitarios al frente de las clases públicas y una explícita voluntad de continuar en esta lucha por la dignidad laboral de los trabajadores de la educación.

(Nota relacionada: Fotoreportaje: el emotivo pedido de justicia por Micaela y por todas las que faltan)

Alrededor de las 18 horas, algunos miembros de AGD y Conadu Histórica agradecieron la adhesión de profesores y estudiantes, e hicieron un cierre de la jornada invitando a sumarse a la asamblea a cielo abierto en memoria de Micaela García, que tendría lugar en la misma plaza. La represión, lejos de acallar la voz de los implicados, contribuyó a hacerla más potente frente al conjunto de la sociedad. Las calles, por estos días, se erigen como auténtico escenario de todos los debates en torno a la cosa pública.


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