Pero los dinosaurios pueden revivir

por Gustavo Yuste

Una de las mayores preocupaciones antes del primer balotaje de la historia de Argentina era saber qué iba a ocurrir con la política de Derechos Humanos llevada a cabo por el kirchnerismo durante estos últimos doce años. Uno de los mayores logros de dicho gobierno parecía ponerse en riesgo ante una eventual victoria de Mauricio Macri. Hoy, con el triunfo de Cambiemos consumado, los temores parecen justificarse tras conocerse una polémica editorial del diario La Nación.




No es novedad la postura de La Nación, siempre conocido por su ideología conservadora y cercana a los intereses agropecuarios, pero lo que sorprende es el poco decoro. A menos de 24 horas de conocerse la victoria de Mauricio Macri, publicó durante la mañana de hoy una editorial sin firmar donde llama a pedir por “no más venganzas” y llega al punto de comparar a la militancia de izquierda de los años 70’s con el grupo terrorista ISIS.

A menos de 24 horas de conocerse la victoria de Mauricio Macri, publicó durante la mañana de hoy una editorial sin firmar donde llama a pedir por “no más venganzas” y llega al punto de comparar a la militancia de izquierda de los años 70’s con el grupo terrorista ISIS.

Por ejemplo, en dicho sentido se puede leer: “los trágicos hechos de la década del setenta han sido tamizados por la izquierda ideológicamente comprometida con los grupos terroristas que asesinaron aquí con armas, bombas e integración celular de la que en nada se diferencian quienes provocaron el viernes 13, en París, la conmoción que sacudió al mundo”

En dicha editorial, también compara a los genocidas, torturadores y cómplices del terrorismo de Estado como sujetos en “ancianidad” que sufren situaciones injustas. “El vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso de sospechosos de la comisión de delitos cometidos durante los años de la represión subversiva y que se hallan en cárceles a pesar de su ancianidad”, se puede leer publicado en La Nación.

Si bien todavía no pasó ni un día de conocerse el triunfo de Macri y sacar conclusiones contundentes puede ser aventurado, la editorial del diario La Nación, conocido socio ideológico y comercial del los sectores más adinerados de Argentina a los que Macri encarna, sienta un primer precedente por demás penoso y preocupante de cara al futuro.

Ahora bien, no todo es ni puede ser pesimismo. Cabe recordar que Argentina es un país modelo en lo que hace al juzgamiento de los aberrantes hechos de la última dictadura cívico militar de 1976 y que cuenta con numerosas agrupaciones y militantes de a pie dispuestos a impedir otro retroceso en materia de Derechos Humanos como ocurriera con Carlos Menem a comienzo de los años 90’s con sus indultos.

Esto sí se puede aseverar: por más que Macri y los sectores más conservadores y reaccionarios que aún defienden a los sectores militares que encabezaron torturas, desapariciones y apropiación de bebés, estén en el gobierno, la lucha continúa. 

Durante esa nefasta década, tanto Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo e H.I.J.O.S no cesaron de su búsqueda de la Memoria, Verdad y Justicia. Y esto, entonces, sí se puede aseverar: por más que Macri y los sectores más conservadores y reaccionarios que aún defienden a los sectores militares que encabezaron torturas, desapariciones y apropiación de bebés, estén en el gobierno, la lucha continúa. 

Para ello es importante no olvidarse de espacios de la memoria como la Ex Esma y otros centros clandestinos de detención convertidos hoy en lugares recreativos para ejercitar la cultura y la conciencia ciudadana. Tampoco hay que dejar de lado los 118 nietos recuperados por Abuelas o las incansables rondas de los jueves de Madres. 

Macri prometió “acabar con el curro de los Derechos Humanos” y parece haber empezado ayudado de sus siempre amigos los medios dominantes. Podemos empezar a acostumbrarnos a que se sientan cómodos escribiendo eso, o que La Rural aplauda de pie al presidente argentino tal como lo hacía con Videla, pero también ellos deberán acostumbrarse a la resistencia de una sociedad que no va a retroceder en las luchas que tanto les costaron.

Podemos empezar a acostumbrarnos a que se sientan cómodos escribiendo eso, o que La Rural aplauda de pie al presidente argentino tal como lo hacía con Videla, pero también ellos deberán acostumbrarse a la resistencia de una sociedad que no va a retroceder en las luchas que tanto les costaron.

A continuación, por si todavía no la leíste, transcribimos la editorial de La Nación de modo completo para que sea de fácil acceso y puedan sacar sus propias y preocupantes conclusiones:

No más venganza

La elección de un nuevo gobierno es momento propicio para terminar con las mentiras sobre los años 70 y las actuales violaciones de los derechos humanos

La senadora por Córdoba Norma Morandini escribió días atrás en estas páginas que la causa de los derechos humanos no se puede defender con mentiras. No se puede defender tampoco con nuevas violaciones de derechos humanos como está ocurriendo en el país.

Un día después de que la ciudadanía votara un nuevo gobierno, las ansias de venganza deben quedar sepultadas de una vez para siempre.

Los trágicos hechos de la década del setenta han sido tamizados por la izquierda ideológicamente comprometida con los grupos terroristas que asesinaron aquí con armas, bombas e integración celular de la que en nada se diferencian quienes provocaron el viernes 13, en París, la conmoción que sacudió al mundo. Aquella izquierda verbosa, de verdadera configuración fascista antes y ahora, se apoderó desde comienzos del gobierno de los Kirchner del aparato propagandístico oficial.

Se ocultó así lo que ya no puede taparse por más tiempo a la compresión de una sociedad cuya composición por edad ha ido cambiando en los últimos cuarenta años. A la sociedad argentina de los años setenta no era necesario explicarle que el aberrante terrorismo de Estado sucedió al pánico social provocado por las matanzas indiscriminadas perpetradas por grupos entrenados para una guerra sucia, a los que el kirchnerismo ha distinguido con la absurda calificación de “juventud maravillosa”.

La sociedad dejó aislados a esos “jóvenes idealistas”, mientras el terrorismo de Estado los aplastaba con su poder de fuego, sin más salvedades que las de algunas voces aisladas, sin más ley que la de la eficacia de operaciones militares que tenían por objetivo aniquilar al enemigo y sin una moral diferente, en el fondo, que la de los rebeldes a quienes combatían.

Ha llegado la hora de poner las cosas en su lugar. Debatir que quienes sembraron la anarquía en el país y destruyeron vidas y bienes no pueden gozar por más tiempo de un reconocimiento histórico cuya gestación se fundó en la necesidad práctica de los Kirchner de contar en 2003 con alguna bandera de contenido emocional. Lo hicieron así al asumir el poder con apenas el 22 por ciento de los votos. Antes habían mirado en esos asuntos para otro lado.

Hay dos cuestiones urgentes por resolver. Una es el vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso de sospechosos de la comisión de delitos cometidos durante los años de la represión subversiva y que se hallan en cárceles a pesar de su ancianidad. Son a estas alturas más de trescientos los detenidos por algunas de aquellas razones que han muerto en prisión, y esto constituye una verdadera vergüenza nacional.

Días atrás, tal situación se ha agravado por una escandalosa decisión del Tribunal Oral de La Plata, que revocó la prisión domiciliaria de varios militares de avanzada edad, como los coroneles Carlos Saini y Oscar Bardelli, el capitán de navío Carlos Robbio y el almirante Antonio Vañek. Pareció una burla su coincidencia con el privilegio domiciliario concedido por esos días, por un tribunal del Chaco, a un mafioso de 65 años, condenado a 19 años de prisión por haber traficado más de mil kilos de cocaína a España.

En segundo lugar, de modo paralelo, han continuado actos de persecución contra magistrados judiciales en actividad o retiro. Uno ha sido el caso del juez federal de Mar del Plata Pedro Hooft, absuelto el año último tras siete años de acusaciones sobre supuestos delitos de lesa humanidad. El perverso armado de la causa salió a la luz por grabaciones aportadas como prueba, pero Hooft está afrontando nuevos ataques. También debimos ocuparnos recientemente del proceso irregular montado contra el juez Néstor Montezanti, de Bahía Blanca, en otro claro intento oficialista de desarticular la investigación de causas que involucran a la familia presidencial.

Sin más elementos que referencias mendaces aportadas por tres militares condenados como autores de las matanzas producidas en la denominada masacre de “Palomitas”, se persiguió por más de diez años al ex juez federal de Salta Ricardo Lona. Éste se encuentra en prisión preventiva por supuestas fallas en la investigación de la muerte del ex gobernador de Salta Miguel Ragone, ocurrida en marzo de 1976. Se desconoce, en cambio, que el juez Lona había sido quien reunió las pruebas que llevaron a condenar a los partícipes del hecho, según lo reconoció la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Por otra parte, la acusación en su contra carece de validez pues la acción no se encuentra instada por los fiscales de la causa, sino por otros designados ad hoc por la cuestionada Procuración General de la Nación, careciendo por ello de atribuciones para impulsar la acción. Con casi 80 años y una grave enfermedad, Lona corre peligro de que los fiscales lo envíen a prisión solicitando la revisión del informe médico que desaconseja rotundamente su traslado a una cárcel.

La cultura de la venganza ha sido predicada en medios de difusión del Estado y en las escuelas habituadas a seguir las pautas históricas nada confiables del kirchnerismo. O sea, la mentira de la que ha hablado la senadora Morandini.

El palabrerío de sujetos que han sido responsables de haber incendiado al país en los años setenta convencidos de que las armas de fuego y los explosivos, con sus secuelas de muerte y dolor, eran la vía de acceso a una sociedad mejor, no puede intimidar a los políticos responsables, ni a los jueces compenetrados de su misión, de actuar en consonancia con la verdad histórica y los principios básicos del derecho penal.

Siempre será indispensable construir a partir de la verdad completa, apaciguar y no agotar la búsqueda de todos los medios necesarios para que se cumpla la imploración del papa Francisco de que todas las herramientas de la ley se activen “para evitar cualquier tipo de venganza y curar las heridas”, aunque “sin dejar de mirar las cicatrices”, como bien aportó.

Link a La Nación



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