Perpetua contra el gatillo fácil: una victoria contra una impunidad histórica

por Giuliana Sordo

En el día de ayer, 23 de octubre, condenaron a prisión perpetua al efectivo Adrián Otero, Policía de la Ciudad, que asesinó a Cristian “Paragüita” Toledo. Se trata del primer juicio contra la fuerza represiva de la ciudad, creada en 2017, por fusilamiento de gatillo fácil. Frente al accionar represivo de las “fuerzas de seguridad”, esta sentencia es una victoria contra la histórica impunidad que caracteriza a estos casos cuando el asesino es el Estado. (Fotos: CORREPI)



“Una vieja consigna acuñada no solo por los militantes sino también por los familiares de casos de represión estatal dice que “la lucha no es por la sentencia sino por la conciencia”. La intervención en las causas judiciales es parte del escenario, pero no es ni por asomo el principal ni el más importante, y es en el que sabemos perfectamente que estamos en territorio del enemigo”, así señalaba María del Carmen Verdú, abogada y referente de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), en una entrevista a La Primera Piedra.

(Leer nota: Entrevista a María del Carmen Verdú: “En materia represiva el macrismo ha pegado un salto fenomenal”)

Este 23 de octubre, sin embargo, se logró una sentencia histórica contra la represión. El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°1 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires condenó a Adrián Otero a prisión perpetua por el asesinato de Cristian “Paraguita” Toledo. Este fusilamiento por gatillo fácil que cometió el agente de la fuerza represiva ocurrió el 15 de julio de 2017 en la Villa 21-24 del barrio porteño de Barracas.

“El porcentaje de causas que llegan al juicio oral es inferior al 10 por ciento, y de esas el porcentaje de condenas es mucho menor todavía. Así y todo tenemos más de 1100 años de condenas en total a distintos miembros de las fuerzas de seguridad precisamente por la cantidad de causas en las que nos involucramos, pero sería tonto esperar que fuese diferente el resultado”, aseguraba Verdú hace un año.



El sábado 15 de julio de 2017 el bombero de la Policía de la Ciudad, Adrián Otero, persiguió por seis cuadras y a los tiros al auto en el que estaba Cristián Toledo junto a dos amigos. El “paraguita”, como lo conocían, fue asesinado por el agente quien disparó ocho veces con su arma reglamentaria, la mitad de un cargador completo, para matarlo. Sus dos amigos, Carlos Gavilán y Jorge Daniel Nadalich, quienes vieron desangrarse a Cristián hasta morir sin poder llevarlo a un hospital y únicos testigos, inicialmente fueron acusados por robo, pero luego lograron la libertad y se convirtieron en querellantes de la causa.

Las versiones oficiales de la institución y la de los medios de comunicación hablaron de persecución tras un robo, pero los jóvenes que fueron hostigados por el agente volvían de bailar a su barrio, la villa 21-24, en Barracas. Así Otero intentó justificar su accionar pero las pericias, testimonios e imágenes de las cámaras de seguridad desestimaron su teoría. A su vez, la respuesta de vecinos, amigos y familiares fue inmediata con la realización de una masiva marcha exigiendo justicia.


gatillo facil


En este proceso judicial, además de ser excepcional por lo histórico que es llegar a juicio cada vez que los agentes del Estado están involucrados, se investigó y condenó al primer efectivo de la Policía de la Ciudad, fuerza de seguridad creada recientemente en el 2017. Según el Informe de la Situación Represiva Nacional presentado por CORREPI en diciembre de 2017, el debut de la fuerza represiva acumuló un récord de 24 casos de personas asesinadas producto del accionar de sus agentes en menos de un año. Esta sentencia también es una victoria para luchar contra la impunidad de esta fuerza en particular.

(Leer nota: El gobierno de Mauricio Macri mata cada 23 horas)

En estos 14 meses, familiares, amigos y organizaciones que acompañaron las actividades realizadas para lograr denunciar lo sucedido, lograron que Adrián Otero sea el primer policía de la Ciudad acusado y condenado. El efectivo de la Policía de la Ciudad cumplirá prisión perpetua por homicidio agravado, por haber sido cometido con arma de fuego y abusando de su función como miembro integrante de una fuerza de seguridad, y en concurso real con el delito de homicidio igualmente agravado en grado de tentativa.

Esta batalla contra la impunidad y la máquina asesina de un Estado que sigue matando, hoy adquiere un poco de alegría tras esta histórica sentencia, pero no olvida que los casos de gatillo fácil como la persistencia de la represión en democracia con sus diferentes modalidades para matar sigue aumentando de forma rotunda. En la actualidad, cada 23 horas una persona muere en manos del Estado, mientras quiénes son sus asesinos en la mayoría de los casos gozan de impunidad y pocas veces reciben una condena.



También te puede interesar:
Gatillo fácil: inseguridad son más policías en las calles
Los cuerpos que escupe el Estado
Un freno a la represión: las torturas de las fuerzas de seguridad serán condenadas
En el Día contra la Violencia Institucional, la importancia de hablar de represión estatal
La tradición represiva de tirar los cuerpos al agua

 

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR