Negar los derechos ante todo: el editorial de La Nación contra el aborto

por Redacción La Primera Piedra

El pasado domingo 27 de agosto, de cara a las elecciones legislativas de octubre, el diario La Nación publicó un editorial en donde reivindica la penalización del aborto y rechaza la necesidad de su tratamiento en tanto problemática de salud pública, que afecta la vida de cientos de mujeres en Argentina. Descontextualizando datos, el editorial llama “a privilegiar la vida ante todo”, omitiendo que la clandestinidad de la práctica es una de las principales causas de mortalidad materna en el país. (Foto: Gustavo Yuste)


“El debate sobre el aborto debe encararse desde una postura humanista, sin argumentos falaces ni ideológicos; es la propia existencia la que está en juego”. Así reza debajo del título la primera frase del editorial que el diario La Nación publicó el pasado domingo 27 de agosto respecto del aborto, rechazando su práctica desde una perspectiva moral, considerándolo un dilema “con consecuencias jurídicas que, como tal, no queda fuera de la contienda electoral”.

A lo largo del texto, se omiten y descalifican las evidencias que demuestran que la clandestinidad del aborto y la falta de políticas públicas afecta la salud de miles de mujeres en Argentina, en especial de las pertenecientes a las clases más desfavorecidas.

Así, a lo largo del texto, se omiten y descalifican las evidencias que demuestran que la clandestinidad del aborto y la falta de políticas públicas afecta la salud de miles de mujeres en Argentina, en especial de las pertenecientes a las clases más desfavorecidas. “El discurso de los activistas sólo se mantiene vivo desde las posiciones políticas o ideológicas extremas, violentas a veces, que se pueden vociferar hasta el cansancio, pero no se pueden sostener en una discusión que pretenda ser seria y racional”, afirma el editorial, negando la validez de las argumentos sin aportar datos certeros.


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Foto: China Díaz


Para La Nación, la base de la irracionalidad se asienta en “seudoargumentos”, que en realidad no tienen nada de falaces, sino que se encuentran apoyados por investigaciones. El propio informe citado por el editorial, publicado en 2016 por la revista The Lancet en conjunto con la Organización Mundial de la Salud (OMS), explica cómo, en los países en vías de desarrollo en los que se carece de políticas públicas sexuales y reproductivas, las tasas abortivas aumentaron. En América Latina y el Caribe – donde la mayoría de los países mantienen leyes restrictivas respecto al aborto – el incremento fue del 23 al 32%, siendo el más alto del mundo.

Mencionar estas cifras no es lo mismo que hablar del aumento de enfermedades como el dengue o el mal de Chagas, como el editorial busca equiparar. Por el contrario, esos números no pueden pensarse sin mencionar el riesgo que la clandestinidad del aborto representa para la vida de las mujeres en estos países.

Mencionar estas cifras no es lo mismo que hablar del aumento de enfermedades como el dengue o el mal de Chagas, como el editorial busca equiparar. Por el contrario, esos números no pueden pensarse sin mencionar el riesgo que la clandestinidad representa para la vida de las mujeres en estos países. Según datos de Amnistía Internacional, en el año 2016, alrededor de 760.000 mujeres fueron hospitalizadas por complicaciones surgidas a partir de aborto inseguro en la región y al menos 10% de todas las muertes maternas se debieron a la misma causa.

(Leer nota relacionada: La lucha por el aborto en Sudamérica: ¿qué dicen las leyes en cada país?)


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Foto: Gustavo Yuste


No es tampoco válida la estadística que dice que en la Argentina mueren 500.000 mujeres por año a causa de abortos clandestinos, otra cifra absurda que se repite hasta darla por cierta sin evidencia alguna que la avale”, expresa el editorial. Para ser más exactos, la cifra mencionada en los informes oscila alrededor de los 450 mil, pero, además, el texto confunde un dato importante: el número no corresponde a las mujeres que mueren, sino a los abortos efectivamente practicados, lo que no quita que las estimaciones indiquen que la clandestinidad continúe siendo una de las principales causas de mortalidad materna.

Según los últimos datos del Ministerio de Salud, en nuestro país mueren cada año más de 100 mujeres por causas relacionadas a abortos inseguros y más de 70 mil ingresan a hospitales públicos por complicaciones, muchas de las cuales luego deben soportar secuelas, como la esterilidad.

Según los últimos datos del Ministerio de Salud, en nuestro país mueren cada año más de 100 mujeres por causas relacionadas a abortos inseguros y más de 70 mil ingresan a hospitales públicos por complicaciones, muchas de las cuales luego deben soportar secuelas, como la esterilidad. La realidad es que la clandestinidad hace que sea difícil contabilizar el número exacto de abortos y de mujeres muertas, lo que no significa que la cifra de 450 mil no presente efectivamente un respaldo. Tal como explica un informe de Amnistía Internacional, la medición corresponde a un trabajo de investigación realizado por las demógrafas Edith Alejandra Pantelides y Silvia Mario a pedido del Ministerio de Salud de la Nación en el año 2005.

En su estudio, aplicaron un sistema de información cruzada basándose en dos metodologías de análisis en las que combinaron diversas fuentes resultante de encuestas a proveedores de abortos, estadísticas sobre complicaciones del aborto, datos sobre mortalidad, encuestas de población, estudios prospectivos, informes anónimos de terceras personas, y estimaciones de expertos, entre otros. Aún con sus debilidades e imprecisiones detalladas por las autoras – propias de la clandestinidad y el temor de la población a brindar información sobre una práctica considerada ilegal – los datos representan un parámetro de magnitud considerable para dar debate sobre la problemática. 


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Foto: Gustavo Yuste


Pero además, el editorial no sólo deslegitima argumentos basados en datos concretos, sino que también defiende tajantemente los dichos del actual candidato a Senador por Cambiemos en la provincia de Buenos Aires:”...entre otras voces, la valiente de Esteban Bullrich se alzó contraria a la despenalización utilizando sensatamente el argumento de #NiUnaMenos aplicado a una beba creciendo en el vientre materno”. Hace menos de un mes, el ex Ministro de Educación, en diálogo como FM Blue 100.7 declaró: “Ni Una Menos también es si hay una beba adentro (del cuerpo de las mujeres), también la estás matando”. 

(Leer nota relacionada: El candidato fallido: Esteban Bullrich entre los pibes presos y el aborto)

De esta forma, La Nación avala el profundo desconocimiento que muestra Bullrich sobre los reclamos por los derechos de las mujeres y sobre cuestiones específicas del desarrollo de los embriones durante el embarazo para determinar su sexo. Su apoyo descalifica la base misma del movimiento Ni Una Menos, lo cual es peligroso, teniendo en cuenta la urgencia de declarar una emergencia de género y la necesidad de que los medios de comunicación se comprometan con la cuestión para crear consciencia de lo que es una sociedad machista, en lugar de desinformar y restar importancia a los reclamos.

El apoyo de La Nación a los dichos de Bulrrich descalifica la base misma del movimiento Ni Una Menos, lo cual es peligroso, teniendo en cuenta la urgencia de declarar una emergencia de género y la necesidad de que los medios de comunicación se comprometan con la cuestión para crear consciencia de lo que es una sociedad machista, en lugar de desinformar y restar importancia a los reclamos.

Ni Una Menos es un movimiento que fue tomando fuerza gracias a la activa militancia feminista para luchar contra las violencias que sufren las mujeres por el hecho de serlo, porque se las considera objetos en una sociedad patriarcal que considera que pueden ser manipuladas y, en su más espantosa y cruel expresión, asesinadas, tratadas como basura. Igualar conceptos como femicidio y aborto demuestra la ignorancia hacia un reclamo esencial para construir una sociedad más justa, equitativa y libre de violencias. 


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Foto: Gustavo Yuste


La cuestión no puede zanjarse entonces en un dilema ético cuando precisamente las estadísticas demuestran que está en juego la vida de miles de mujeres, que por la prohibición y la clandestinidad,  se encuentran en riesgo a partir de procedimientos realizados en condiciones precarias de higiene. El enfoque “humanista” que el ya conocido conservadurismo de La Nación señala no hace otra cosa que clausurar un debate necesario y urgente del cual el Estado debe responsabilizarse, en lugar de ampararse en argumentos morales mientras mujeres de menores recursos mueren sin haber tenido acceso a políticas sexuales y reproductivas.


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