El fenómeno de las “fotos hot” de los famosos

por Julian Barbieri

Una pequeña experiencia en un portal de noticias en Internet me ha hecho aprender algunas cosas sobre las noticias. Tal vez aquella que más me llamó la atención es el enorme interés de las personas por todo lo relacionado a fotos o videos donde se los vea a los famosos en situaciones de cierto contenido sexual. Luego del fenómeno de las “fotos hot” que se conocieron de Lavezzi, pude corroborar una vez más esta pasión tan peculiar: en la página donde escribo, hubo momentos donde la cantidad de usuarios se multiplicó por diez.

También tengo que decirlo: además de ser un fenómeno interesante, este hecho es algo triste. Luego de que se “filtraran” las fotos del delantero de la Selección, se conoció la feliz noticia de la recuperación del nieto de Estela de Carlotto. Esta situación, sin lugar a dudas tan histórica como emocionante, no generó ni el 10% de las entradas que generaron las fotos de Lavezzi. Por eso, antes de analizar esto, es imposible no hacer una apreciación moral: es triste, y punto.

Pero lo dicho: además de triste es interesante. Y si bien no creo que tener la respuesta, se me ocurren algunas hipótesis. Para empezar, siempre es correcta aquella frase de que “el sexo vende”, que es cierta en el sentido más amplio de la palabra. El sexo vende significa que no sólo la pornografía es muy consumida: también vende una chica en bikini, también vende una entrevista a una actriz porno, también vende una frase más o menos sexual de algún famoso. Esto es así. Como dijo el gran Fernando Peña en una entrevista: “todos vivimos calientes, a todos nos gusta el sexo”.

Sin embargo, el éxito de las llamadas “fotos hot” de los famosos va un poco más allá. Dejemos de lado la polémica sobre si se “flitran”, si es todo un armado para que hablen de ellos, etc. La pregunta es ¿por qué la locura? ¿Por qué en enloquecimiento cuando aparecen estas fotos o videos, cuando Internet está lleno de pornografía? Más aún, si lo que se busca es sexo, estas imágenes de los personajes del espectáculo o el deporte no son la mejor opción. Suelen ser fotos medio borrosas, videos donde no se entiende bien nada. Es decir: el problema claramente no es que se quiere consumir pornografía, porque de esa hay (y mejor) al alcance de un click.

El tema, creo yo, es la cercanía. La cercanía que tenemos con estos famosos. Como dice Beatriz Sarlo, a estos personajes los tuteamos, sabemos de su vida privada, somos sus amigos. La industria del chimento y el periodismo amarillo es eso: ser íntimos con las estrellas, conocer lo que hacen, sus problemas domésticos, etc. Y en esta línea, el video o las fotos “hot” son el punto máximo. Las imágenes filtradas sobre la vida sexual de los famosos es la industria del chimento llevada al paroxismo: finalmente, gracias a los descuidos (o no) de las estrellas, se logró acceder a la intimidad más íntima.

Por supuesto, el fenómeno del éxito del periodismo que se ocupa de la vida privada de los famosos es otro aspecto muy complicado. No me quiero meter mucho ahí, pero imagino que detrás del placer que hay en conocer estos detalles, hay un deseo de ser como los famosos. La lógica sería algo así como “no soy una estrella, pero al menos veo que las estrellas son como yo”. Y si llevamos esto a la intimidad del acto sexual, parecería seguir la misma idea.

Finalmente, una cuestión más. La aparición de estas fotos constituye un ejemplo de “pornografía permitida”. Sin duda, pesa aún un tabú muy fuerte sobre el hecho de entrar a las páginas pornográficas “normales”. Sin embargo, esto se evita en los casos de las imágenes “filtradas”: con algún retoque que tape un poco lo más comprometido del asunto, portales de Internet más o menos serios se permiten la publicación de este tipo de cosas. Así, se rompería el tabú y no habría sensación de cierta culpa. “No estoy mirando porno che, es Clarín”.

En definitiva, si bien todo esto no es la respuesta a la cuestión, al menos es una hipótesis. El éxito habitual del sexo se suma al caso más extremo del chimento, la entrada a la vida más íntima de aquellos que son admirados en nuestra sociedad. El fenómeno ya se presenta como un poco menos ilógico.

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