Todos los veranos lo mismo: la crisis del sistema energético

por Carolina García

Durante el verano, los argentinos tenemos como costumbre sufrir cortes del suministro eléctrico. Los mismos castigan a los usuarios desde tiempos muy remotos en el país. A causa de las interrupciones en el servicio, los ciudadanos, que no tienen respuesta por parte de las empresas distribuidoras, utilizan recursos precarios para poder continuar con sus vidas. Pero la paciencia tiene un límite: también son moneda corriente los cortes de calle para intentar hacerse escuchar. En medio de este problema que lleva décadas en el país y que atravesó a todos los gobiernos democráticos, se vienen los aumentos de alrededor de un 700% en las facturas que en estos días comenzarán a llegar a los hogares. 

La crisis energética del 88

Los cortes de esa época quedaron inscriptos en la memoria colectiva, como así también una serie de medidas de emergencia que el gobierno de Alfonsín tuvo que tomar: asuetos administrativos, la TV al aire sólo por algunas horas, cortes de energía programados. El faltante ya era un problema grave que era atribuido oficialmente al déficit de generación de la misma por el bajo nivel de embalses y ríos. La declaración del estado de emergencia y la economía pendiendo de un hilo a causa de la hiperinflación, llevaron a la falta de inversión. La crisis económica, herencia de las medidas neoliberales tomadas por la gestión dictatorial dejaron en evidencia la dificultad para sostener un país con crisis de todo tipo y color.

La privatización de SEGBA

Con la llegada de Menem al poder, arribaron las privatizaciones del sector público. Se aprobó entonces la desintegración del esquema, dividiéndolo en tres: generación, trasmisión y distribución, que luego fueron privatizados. Así la empresa estatal SEGBA quedó dividida en siete unidades de negocios: cuatro empresas generadoras y  las tres distribuidoras Edenor, Edesur y Edelap.

La crisis de 2001

Entrado el nuevo milenio los problemas subsistían. La falta de generación de energía se veía afectada por la falta de inversión. La crisis de 2001, la brutal devaluación de la moneda, el congelamiento de las tarifas: así, ya no se puede hablar de una nueva crisis, debido a que el sistema energético argentino siempre estuvo en crisis.

Las medidas de los Kirchner

El proceso de recuperación de la economía trajo un alza en el nivel de actividades que poco a poco fue reconstruyendo los salarios. En el centro de la escena, los subsidios a las empresas. La falta de control a las mismas llevó nuevamente a los vecinos a las calles a reclamar en 2013. Los cortes constantes de suministro quemaron electrodomésticos de todo tipo, interrumpieron las actividades laborales en repetidas ocasiones y demostraron nuevamente una crisis insostenible del sistema. Al haberse hecho cargo el gobierno de los aumentos de las empresas, las facturas no sufrieron modificaciones radicales durante estos años. El oficialismo también afirmó que la crisis energética no estaba en la generación, sino que el problema radicaba en la falta de inversión de las empresas distribuidoras, situación comprobable cuando aparecen cuadrillas que arreglan las líneas de tensión que se encuentran por debajo de las calles: cables incendiados, rotos, parches.

Así se le da la espalda a lo obvio: las ciudades en crecimiento, los hogares que cada vez utilizan más artefactos eléctricos, requieren con urgencia una actualización de los cables de distribución que soporten más conexiones. Edenor, en los últimos dos años, realizó obras en algunos de los barrios que se veían afectados incansablemente por los cortes, situación que llevó a una disminución de cortes. Pero los más golpeados siguen siendo los usuarios de Edesur.

La emergencia decretada por Macri y el tarifazo

Luego de su asunción en diciembre, el actual Presidente de la Nación, Mauricio Macri, decretó la emergencia en materia energética, que implica cortes programados de forma rotativa para algunas zonas. La quita de subsidios a la luz, impacta directamente en los usuarios, que estarán recibiendo en estos días sus facturas con aumentos cercanos al 500 porciento. El gobierno de Macri incansablemente sigue citando a la “pesada herencia” recibida del gobierno anterior para justificar la necesidad de declarar emergencias y aumento de tarifas, que siempre tiene que terminar pagando el pueblo. Cuando demostramos a lo largo de este recorrido simple, que la energía está en crisis desde antes de la vuelta a la democracia.

Si bien el aumento de tarifas a muchos argentinos les pareció correcto, también es cierto que la quita de subsidios fue muy brusca. Es válido recordar también que la posibilidad de renunciar voluntariamente a los subsidios se dispone en el siguiente link mediante el ingreso de un formulario.

Un incremento del 600% o 700%  no es poca cosa para un bolsillo de clase media y de clase baja. Hay usuarios que van a ser beneficiarios de una tarifa social: es posible averiguar quiénes serán los que accedan a este beneficio desde la página del ENRE, ingresando el número de usuario que se encuentra a la factura de la luz.

Los cortes programados enfurecen a las personas a las que les toca sufrirlos, pero no deja de ser una forma de ordenar la situación y evitar la quema de artefactos. Esto no es una justificación, ya que detrás de eso, puede quedar la comodidad de quienes tienen que hacerse cargo de evitar llegar a ese estado de emergencia. Tampoco podemos afirmar que los únicos cortes que están sucediendo en estos días sean cortes programados: muchísimos usuarios que no estaban dentro de la grilla proporcionada por el ENRE, están sin luz desde el viernes pasado, y siguen todavía hoy a pesar de que a causa de la lluvia se suspendieron los cortes programados. Sigue siendo responsabilidad de los ciudadanos reclamar a quienes corresponde que se hagan las obras de mantenimiento necesario para no tener que sufrir este clase de circunstancias.

Los que tienen cargos directivos y aquellos que fueron elegidos por el pueblo para que se ocupen de mejorar la calidad de vida, deben tener como premisa el bienestar social y no la conveniencia de un grupo empresario que se apropie sin piedad de la ganancia de una empresa de servicio público. Como pudimos observar, este sistema desde siempre en crisis, históricamente golpea al pueblo: ¿vamos a seguir dejando que así sea? ¿vamos a aceptar con alegría un aumento de un servicio que funciona mal? No justifiquemos lo injustificable y si hubo un aumento tan grande, reclamemos que se vea reflejado en obras para que dejemos de sufrir todos los veranos lo mismo. 

Imagen destacada: Fabian Marelli

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