La boya: el siempre mar, ya estaba y era

por Laura Gómez

La boya podría ser definida como ensayo audiovisual, documental autobiográfico, diario de viaje o introspección cinematográfica, pero Fernando Spiner —su director— prefiere eludir las etiquetas. Aún así, no hay duda de que estamos frente a un auténtico relato. A lo largo de su carrera Spiner ha demostrado una gran destreza como narrador, y esto le ha permitido sumergirse en géneros tan diversos como la ciencia ficción, la distopía fantástica o el western gauchesco. Su trabajo en La boya no es la excepción.


La voz en off del inicio anuncia que se trata de una película sobre Aníbal Zaldívar, poeta, periodista y mejor amigo del director, Fernando Spiner (La sonámbula, Adiós querida Luna, Aballay, el hombre sin miedo). Sin embargo, a los pocos minutos de metraje aparece el primer punto de giro y los espectadores podrán advertir que, en verdad, se trata también de una indagación en la propia historia de Spiner, en sus antepasados y en los enigmas que rodean la huida de Ucrania y el ulterior arribo al Río de la Plata.

Fernando se fue de Villa Gesell muy joven: viajó a Roma persiguiendo el sueño de convertirse en cineasta y allí logró egresarse del Centro Sperimentale di Cinematografia. De algún modo comparte ese destino con sus antepasados, quienes también se fueron muy jóvenes de su tierra aunque, claro, en circunstancias completamente diferentes: ellos huían de los pogroms rusos. No daremos más detalles al respecto porque es mejor que el espectador los descubra en el visionado, pero resulta interesante marcar esos ecos que pueblan el relato y enriquecen su lectura.

Otro recurso clave en el planteo narrativo es la utilización de la figura del doble encarnada en Aníbal: de alguna manera Fernando ve en este hombre (amigo entrañable y artista admirado) aquella vida que podría haber tenido si no se hubiera ido del pueblo. “La mejor versión en la que podría haberme convertido”, sostiene el director en entrevista con La Primera Piedra. Aníbal sigue viviendo en Villa Gesell, es poeta, se desempeña como periodista, ha publicado unos cuantos libros, imparte talleres sobre la poesía y el mar, y durante los años de ausencia de Fernando logró forjar un vínculo muy fuerte con su padre Lito, un farmacéutico que supo descubrir el mundo de las letras siendo mayor, impulsado por la osadía de su hijo que a los veintitantos ya había decidido ir a estudiar a otro continente.

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Aníbal y Fernando comparten un ritual desde la juventud, y como todo ritual éste tiene su propia carga simbólica: nadar mar adentro hasta la boya. ¿Por qué lo hacen? No se sabe, pero sin dudas Fernando ha encontrado allí una verdad poderosa que lo impulsó a hacer esta película. Quizás el por qué no sea tan importante como el modo en el que estos amigos han logrado mantener un rito que los une desde la juventud y que también revela aspectos esenciales en la historia familiar de los Spiner. Poco antes de morir, Lito le dejó a Aníbal instrucciones muy precisas que él decide cumplir junto a su amigo, y allí reside buena parte del enigma que el realizador se propone desentrañar.

El resultado final es un bellísimo ensayo audiovisual en primera persona (muy poético, podríamos agregar), que a pesar de su potencia autobiográfica puede ser revelador para cualquier espectador. La boya como centro del relato se convierte en un elemento polisémico porque condensa una multiplicidad de sentidos, y cada quien verá algo distinto en ese objeto: el horizonte, los sueños, los límites, la barrera, los afectos, la historia, el escape, el amor, una verdad. Se trata, quizás, de la revelación en su estado más puro; el descubrimiento de una experiencia —en apariencia— intransferible. Pero el buen cine lo puede todo.

Con una gran puesta de cámara (las subjetivas mar adentro y en plena tormenta verdaderamente logran transmitir las sensaciones del nadador que cuenta las brazadas hasta la boya), un montaje exquisito a cargo de Alejandro Parysow, escenas que logran capturar la belleza del paisaje y la odisea del viaje (las primeras secuencias aceleradas a través de la ruta son muy ilustrativas), entrevistas a destacados artistas que desarrollan su obra entre los médanos geselinos (Guillermo Sacommanno, Juan Forn, Ricardo Roux, Pablo Mainetti), bellísimos planos y una gran atmósfera sonora creada por Natalia Spiner —hija del director que ya había demostrado solidez en otras producciones—, La boya se presenta como una propuesta más que interesante para acercarse a la poesía a partir de la reflexión de los artistas y la experiencia de la gente de a pie, y también para descubrir a uno de nuestros más destacados cineastas a través de un relato sensible en primera persona.


FICHA TÉCNICA:
Título original: LA BOYA
Título internacional (en inglés): THE BUOY
Director: FERNANDO SPINER
Guión: FERNANDO SPINER, ANÍBAL ZALDÍVAR Y PABLO DE SANTIS
Fotografía/Imagen: CLAUDIO BEIZA
Edición/Montaje: ALEJANDRO PARYSOW
Dirección de Arte: JUAN MARIO ROUST
Diseño de sonido: SEBASTIÁN GONZÁLEZ
Música: NATALIA SPINER
Productor/es: MAGDALENA SCHAVELZON – FERNANDO SPINER
Compañía/s Productora/s:  MAGDALENA SCHAVELZON – BOYA FILMS S.A.
País: ARGENTINA
Duración: 90 minutos
Idioma/s hablado/s: ESPAÑOL – IDISH
Reparto – Entrevistados
ANÍBAL ZALDÍVAR
RICARDO ROUX
PABLO MAINETTI
JUAN FORN
GUILLERMO SACOMMANNO

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