Entrevista a Sergio Álvarez: “Soy una persona de los márgenes”

por Laura Gómez

Sergio Álvarez no duda ni un segundo en definirse como una persona de los márgenes. Actualmente está concentrado en el lanzamiento de su proyecto discográfico más reciente, Un lugar solitario llamado libertad. El material reúne 22 canciones instrumentales con atmósferas jazzeras, rockeras y experimentales. La Primera Piedra charló con el guitarrista antes de su presentación en la Usina del Arte (Caffarena 1) el domingo 21 de octubre a las 19 hs. en la Sala de Cámara con entrada libre y gratuita.


Sergio Álvarez se define como una persona de los márgenes. Su mirada sobre el mundo fue construyéndose (como la de casi todos) a partir de una sucesión de azares: nació en un año peculiar —1968, en pleno Mayo Francés—, creció en una geografía distante y un tanto salvaje por aquel entonces —José C. Paz—, y su curiosidad lo paseó por la técnica aeronáutica, la ingeniería electrónica, la filosofía, las ciencias exactas y la música. Alguna vez él mismo escribió: “Me pusieron Sergio como nombre, que es un anagrama de Riesgo. Estaba escrito que no podía hacer una carrera como músico pop”. Fundó Porco en los años noventa junto a Arnaldo Taurel y Gabo Ferro, también es parte esencial del grupo punk Panza, participó como guitarrista en La Mujer Barbuda y Datrebil, y armó sus proyectos propios como Electroalvarez, La Experiencia Electroalvarez o La Orquesta Ruido Negro.

Actualmente está presentando su disco más reciente titulado Un lugar solitario llamado libertad. El material es enteramente instrumental y presenta una suerte de registro de las últimas indagaciones sonoras del guitarrista. En el segmento más jazzero está acompañado por Pipi Piazzolla y Mariano Sívori (integrantes de Escalandrum); el segmento rockero cuenta con la participación de Lulo Isod y Franco Fontanarrosa (miembros de La Mujer Barbuda) y en la sección experimental trabajó codo a codo con D2Mau, un músico español que utiliza sintetizadores modulares para improvisar.



Primeros paisajes sonoros y el under de los ’90

— ¿Cómo empezó tu vínculo con la música?

— Bueno, podría decirse que empecé escuchando música en mi casa, así que no creo que sea algo muy diferente de lo que le pasa a la mayoría. Pero todo esto fue en una época remota donde no había FM y en la radio sólo pasaban tangos. Tampoco había discos… ¡ni siquiera cassettes! Existían los magazines de cuatro canales y grabadores de cinta abierta, pero era todo bastante misterioso así que cualquier disco que llegara a casa era escuchado ávidamente. Yo vivía en José C. Paz, que en aquel momento era campo, y no había acceso prácticamente a nada. Otra cosa que recuerdo son las peñas folklóricas a las que me llevaban mis viejos —ahí vi a muchos guitarristas en vivo— y también los ensayos de las murgas en verano.

— ¿Cuál era la atmósfera sonora de esos tiempos en tu casa?

— No sé por qué motivo había un disco de Deep Purple llamado “Who do we think we are?” cuya traducción al castellano es “¿Quién nos creemos que somos?”. Mi viejo tenía muchos discos de tango, y siempre andaban dando vueltas cosas como Pipo Pescador o Margarito Tereré, que estaban bastante bien.

Sergio Álvarez junto a Gabo Ferro (Porco)

— Fundaste Porco en los noventa con Arnaldo Taurel y Gabo Ferro. ¿Qué recordás del under de aquellos tiempos?

— Sí, primero armamos la banda con Arnaldo, el baterista. Yo venía de tocar música contemporánea y estaba bastante harto de ese ambiente snob, así que tenía ganas de armar una banda de rock para tocar los fines de semana. El baterista tocaba con Gabo así que pensamos en llamarlo, y una primavera de 1992 decidimos armar la banda en una sala de ensayo. Surgó así de fácil. Propuse el nombre, quedó, yo llevaba la música de la mayoría de los temas y Gabo escribía las letras. Fue una época muy linda, sobre todo 1993 cuando grabamos nuestro primer demo: escuchar ese material nos devolvía una imagen de nosotros mismos muy profesional. Ahora todo el mundo se graba o se filma tocando, pero en aquella época no era tan común. La banda sonaba muy bien y la combinación era súper interesante. El under de aquellos años era mucho más activo también: circulaba muchísima gente, era todo más informal, podías tocar fuerte en cualquier pub y no había ningún problema. Eso me gustaba. Por supuesto fue antes de la tragedia de Cromañón y el fenómeno de las bengalas.


Un lugar solitario llamado libertad

— ¿Por qué el título Un lugar solitario llamado libertad para este nuevo material?

— El título me parece una buena descripción de mi postura, y también me regresa a ese lugar donde crecí en la infancia: ese páramo lleno de eucaliptos, rodeado de potreros. El adjetivo “solitario” no tiene un tinte negativo sino que habla de la realidad: ahí estás más solo pero todo lo que llega también lo recibís de otra manera. Nunca entendí esas peleas de blanco/negro entre los fanáticos de bandas de rock: Los Redondos versus Soda Stereo, por ejemplo. Si las dos cosas están buenas, ¿por qué hay que elegir? ¡Es música! Esa mirada responde a que me encuentro parado en un lugar más solitario. Tomar decisiones al margen de lo que hagan los demás también me da mayor libertad y no me alinea rápidamente a las mayorías.

— ¿Te definirías como un músico de los márgenes?

— Creo que soy una persona de los márgenes.

— ¿Y qué significa eso?

— Simplemente soy una persona que no se apresura a tomar partido por las grandes líneas de pensamiento, tanto en el ámbito político como en la música. No siento que tenga que rendirle pleitesía a ninguna corriente dominante de pensamiento si no me convence racionalmente. Tampoco creo que todo sea relativo, válido o dé lo mismo, y esa es una situación que también me ubica al margen. Además tengo una formación técnica: para los técnicos yo soy un bicho raro por ser músico, y para los músicos soy extraño por mi formación técnica.

— Hablabas por ahí sobre el diseño de este último material y te referías al concepto de montaje. ¿Lo pensaste en términos cinematográficos?

— Sí, lo pensé como una película, en términos de secuencias. Cuando trabajás con un grupo normalmente se ensaya y luego se graba en el estudio (todos juntos o por separado). En este caso muchas de las decisiones las fui tomando durante el “rodaje”, entonces se fueron modificando. Si te cuento el proceso de cada tema no fue para nada lineal. Por eso se logró el efecto de una película; incluso en la interacción con “seres de fantasía”. Me gusta la idea del cine y la literatura desde la temporalidad. En una presentación en vivo estoy obligado a pensar de manera más secuencial para recorrer el repertorio y delinear un principio y un final, pero a la hora de armar un disco puedo darme esas licencias de ir y venir, yuxtaponer cosas que no deberían superponerse. Trabajás fuera del tiempo para después volver a armar una línea secuencial.

— Continuando con esta mirada cinematográfica, ¿cómo elegiste el casting para la película? Pipi Piazzolla/Mariano Sívori vienen del palo del jazz, y Lulo Isod/Franco Fontanarrosa provienen del rock. ¿Cómo uniste esos mundos tan distintos?

— Sí, son mundos diferentes pero tienen puntos de contacto porque todos son músicos muy instruidos, curiosos, tienen un gran dominio de su instrumento y además yo toqué con ambas secciones rítmicas un montón de tiempo. Con Franco toqué en su grupo que se llama La mujer barbuda y grabé dos de sus tres discos, con Lulo tocamos en la banda de Mariana Bianchini, y con Piazzolla/Sívori tocamos en el Sorín Octeto, que fue la antesala de Octafonic. Lo cierto es que todos pueden tocar todas las canciones del repertorio, pero me interesaba ubicar a cada uno en su área natural: unos para las escenas de acción y otros para las escenas de amor (risas).


Libertades musicales, escena under y plataformas del siglo XXI

— ¿Hay alguna libertad posible dentro del campo de la música si alguien quiere darse a conocer masivamente?

— Bueno, siempre está la libertad de tocar en tu casa lo que quieras, pero si intentás darte a conocer siempre entrás en el juego de las conveniencias y perdés ciertos grados de libertad porque hay cosas que no están bien vistas o son muy difíciles de instalar. Ahí necesariamente empezás a negociar y en la negociación tenés que ceder algunas cosas. Eso ocurre cuando ingresás a una gran discográfica. De todos modos me encantaría entrar en una (risas). Pero a esta altura creo que la fama a ese nivel es una gran trampa porque los grandes proyectos generan redes de dependencia económica en un montón de gente, entonces cada paso que das empieza a estar condicionado por el miedo a que no funcione comercialmente y te vas olvidando de la música. No sé si la gente que está ahí lo siente así, pero yo lo vería de esa manera. Si tuviese la oportunidad la aceptaría, pero sin cambiar nada de lo que estoy haciendo. La fama no es algo que anhele particularmente. La otra cuestión es que mientras más masivo sea un proyecto musical, tiende a volverse más impersonal.

— ¿Cómo ves el circuito de la música independiente?

— El ambiente del jazz improvisado está funcionando más o menos bien hace tiempo, al menos en Buenos Aires. Creo que va a seguir resistiendo porque tiene pocas pretensiones: vos metés diez personas y ya es una fiesta. En el rock ocurre algo distinto: suele decirse que hay una conexión entre el under y el mainstream pero para mí son dos corrientes que nunca se cruzan: el under es una laguna y el mainstream es un río que va al mar. Lo que hace que un grupo lleve más gente a veces es el azar o algún tipo de situación social que convoque a públicos más amplios. Si vos ves el cementerio del under está lleno de bandas que hicieron todo lo que suelen hacer las del mainstream y… no pasó nada.

— Considerando las múltiples plataformas desde donde se puede acceder hoy a la música, ¿qué importancia le asignás a las presentaciones en vivo?

— Mucha. Una cosa que es fundamental y a veces la gente no percibe es el entorno. Con la música en vivo la percepción es espacial: uno ve los equipos, la ubicación de los músicos, los rebotes que hay en el lugar. La música a través de auriculares o parlantes es un fenómeno bidimensional. Además, cuando vas a encontrarte con la música en vivo te tomás un colectivo, un subte, te peleás con un trapito, te tomás una cerveza con alguien, charlás de lo que viste, estás obligado a interactuar.

— ¿Cómo te llevás con las nuevas plataformas?

— Me llevo bien; las uso para promocionar lo que hago. De todos modos me parece que es algo que ya está ahí y es imposible modificarlo. Las cosas van cambiando y uno tiene que aceptarlas. Yo podré quejarme, llorar y recordar tiempos mejores, pero las cosas van a seguir su curso. Creo que está bueno y tenés la posibilidad de ver cosas que antes ni siquiera hubiésemos imaginado. Es una linda época para las personas curiosas.

— ¿Cómo pensás la fecha que se viene?

— Creo que es el inicio de una nueva etapa musical en mi carrera. No tengo expectativas desmesuradas: apunto a que suene bien y sea creativo. Esencialmente vamos a tocar los temas del disco. El único músico que va a estar presente de la grabación es Franco Fontanarrosa porque los demás están de gira, pero tengo una banda de músicos tan buenos como ellos y muy conocidos en el circuito jazzero.

En el horizonte de Álvarez hay un ciclo titulado “Viena del siglo XIX en Buenos Aires del siglo XXI”, que se haría todos los lunes durante un año por la zona del Abasto. El guitarrista piensa este proyecto como un encuentro en donde podrá escucharse a la banda ejecutando piezas del repertorio usual, algo de jazz, música contemporánea y rock. También piensa incluir algunos invitados que canten/toquen junto al grupo y registrar esas tertulias. “Puede convertirse en un club de solos y solas”, bromea. Preguntamos qué es lo que está escuchando actualmente y —celular en mano— Sergio tira algunos nombres que le arroja Spotify: un guitarrista noruego llamado Eivind Aarset, un pianista estadounidense llamado Craig Taborn, un trompetista noruego llamado Arve Henriksen y un guitarrista irlandés residente en Suecia llamado Christy Doran. ¡A googlear se ha dicho!


Presentación del disco: Domingo 21 de octubre a las 19 hs. en la Sala de Cámara de la Usina del Arte (Caffarena 1). Entrada libre y gratuita.
Redes de Sergio Álvarez
Web: sergioalvarez.com.ar
TW: @electroalvarez
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YT: Sergio Álvarez
Spotify: Un lugar solitario llamado libertad

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