Presentación de “El cine argentino va a la escuela” + Entrevista a Marcelo Piñeyro

por Laura Gómez

El martes pasado se realizó en la sala Mario Soffici de DAC (Directores Argentinos Cinematográficos) la presentación de El cine argentino va a la escuela, un documental realizado por Fundación DAC que retrata la experiencia de recepción de películas de cine nacional en el seno de comunidades educativas de distintos puntos del país. Muchos de los estudiantes secundarios involucrados nunca habían ido a un cine ni habían visto una película nacional. Se trata de un maravilloso proyecto que invita a acompañar y difundir.


La gacetilla de prensa recupera algo de la historia del cine y vale la pena reproducirlo para entender por dónde va este proyecto: “Cuando el siglo XIX estaba a punto de caerse del calendario, por primera vez y de la mano de los hermanos Lumiere, irrumpió un tren en medio de un sótano parisino. La reacción fue unánime. Todos los asistentes huyeron espantados por el miedo de ser arrollados. El mismo pico de adrenalina de aquel 1895 se repite cada vez que entramos a esa Misa Laica que ocurre en una sala de cine. Más de un siglo después, muchos chicos de nuestro país no han experimentado esa incomparable sensación de ser testigos presenciales de una historia con la imagen y sonido del cine. La Fundación DAC, comprometida con la importancia de sembrar cine en los pibes, ha recorrido el país desde La Quiaca hasta Ushuaia llevando nuestro cine, convirtiendo patios, aulas y salones en salas con excelente imagen y sonido.”

El cine argentino va a la escuela es una crónica cinematográfica de todas esas experiencias de recepción en el seno de las distintas comunidades educativas que visitaron directores, actores y realizadores de cine nacional. El ciclo llegó a 350 escuelas (52 de ellas rurales) en la mayoría de las provincias del país y más de 52.000 estudiantes secundarios pudieron ver las películas, muchos por primera vez.

Algunos de los participantes del proyecto fueron: Leonardo Sbaraglia, Ana Celentano, Luis Machín, Muriel Santa Ana, Daniel Hendler, Gabriela Izcovich, Rafael Spregelburd, Moro Anghileri, Claudio Rissi, Mónica Villa, Cecila Rosetto, Fernando Spiner, Marcelo Piñeyro, Ariel Winograd, Marcelo Figueras. Algunas de las películas proyectadas fueron: Camila, Kamchatka, Días de vinilo, Sin retorno, Hermanas, Tiempo de valientes, Vino para robar, Un cuento chino, Metegol, Corazón de León, El secreto de sus ojos, Tango feroz, entre otras.


El martes estuvieron presentes Ana Celentano, Muriel Santa Ana, Claudio Gallardou, Mario Alarcón, Fernando Spiner, Juan José Jusid, Juan Bautista Stagnaro, Hugo Lescano, Gabriel Arbós, entre otros. La Primera Piedra encontró a Marcelo Piñeyro (Kamchatka, Plata quemada, Tango feroz) para hacerle algunas preguntas sobre sus vivencias.

Uno piensa: ¿qué es lo que cohesiona a una sociedad? La cultura. Nada más. Los relatos, las canciones, las cosas que nos contamos. Lamentablemente, desde el Estado esto no es entendido.

— ¿Cuál fue tu experiencia personal con este proyecto?

— Como ves es un proyecto muy ambicioso. Con este programa se ha recorrido todo el país; como diría León Gieco, “de Ushuaia a La Quiaca”, llegando a lugares a los que el cine no llega, ya sea porque son localidades muy pequeñas del interior o aquí mismo, en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, en poblaciones muy vulnerables. Ahí te das cuenta de lo importante que es tener nuestros propios lugares. Uno piensa: ¿qué es lo que cohesiona a una sociedad? La cultura. Nada más. Los relatos, las canciones, las cosas que nos contamos. Lamentablemente, desde el Estado esto no es entendido.

— ¿Cómo viviste la recepción de los chicos y de la comunidad educativa en general?

— Eso es algo extraordinario. Cuando uno lo cuenta siempre se queda corto. Hace poco fuimos a una escuela de Buenos Aires que se llama Hogar Evita; es de esos viejos hogares para menores construidos por Eva Perón, de los pocos que quedan enteros porque muchos fueron destruidos. Ahí uno ve cómo en una época nos pensamos de otra manera como sociedad, como país y en relación a los vulnerables. En este lugar viven chicos que no tienen familia o que provienen de hogares vulnerables, no sólo económicamente sino también emocionalmente destrozados. En este lugar proyectamos Kamchatka.

— ¿Cómo fue vivir la experiencia de recepción en ese contexto?

— Te cuento. Las películas no las elegimos nosotros sino los directores de los colegios. Mi preocupación era que muchos de esos chicos seguramente habían nacido en democracia, y probablemente sus padres también se habían criado en democracia. La película habla sobre la dictadura, así que mi preocupación venía por ese lado. Pero mientras se proyectaba la película fueron contándome un poco sobre los chicos que estaban ahí, y mi miedo empezó a ser otro: el relato de Kamchatka gira en torno a una familia, y la mayoría de estos chicos viven con la ausencia de una familia. En ese momento me asusté mucho, pero nos sorprendieron. Normalmente el arranque del debate cuesta un poco, pero en este caso ni siquiera hubo tiempo de decir “hola”.

…nuestro rol es mucho más que esas frivolidades que nos ocupan tantas horas del día. Esto es lo que importa y lo que realmente puede darle sentido a una vida.

Marcelo recuerda el momento y sus ojos se llenan de lágrimas sin previo aviso. “Ellos pudieron entender que los chicos que protagonizan la película también pierden a sus padres, y también empiezan a preguntarse: ¿podemos tener futuro? Ahí entendés que nuestro rol es mucho más que esas frivolidades que nos ocupan tantas horas del día. Esto es lo que importa y lo que realmente puede darle sentido a una vida”.

— Hacia el final de la película una de las entrevistadas pide “que no se olviden de los pobres”. Creo que es una de las frases de la peli. ¿Qué pensás al respecto?

— Creo que la película está llena de frases de ese tipo, y no tienen que ver con las pavadas que decimos nosotros sino con lo que dicen los chicos, los vecinos, los docentes. Los docentes, tan vapuleados en este país, son los que lo mantienen en pie. Si un día no hay docentes… ¡no existimos más! No hay sociedad posible sin ellos, y vos ves el esfuerzo que ponen para superar todas las adversidades.

— ¿Cuál es el rol del cine argentino en estos contextos?

— Para mí a las sociedades las cohesiona la cultura, tener relatos comunes, músicas comunes, fantasías, héroes. Con esta experiencia pudimos comprobar que no estamos tan equivocados, más allá de que los sistemas de exhibición muchas veces estén en nuestra contra y quieran imponer al superhéroe de calzas. Hay que seguir peleándola; nunca nada fue regalado. Somos cineastas de nuestro país, y este país que somos nos ha dado el privilegio de poder hacer lo que hacemos. Nuestra obligación es devolverlo, como podamos: con nuestras películas pero también con este tipo de proyectos.


El documental será distribuido y exhibido sin fines de lucro

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