Entrevista a Raquel Vivanco: “Que las mujeres denunciemos las acciones que nos agravian es un acto político”

por Laura Verdile

“El movimiento feminista en Argentina se nutrió de mucha participación de mujeres que no provenían de experiencias militantes previas”, señala Raquel Vivanco, Coordinadora Nacional del Movimiento de Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá). “Hubo todo un despertar de generaciones muy jóvenes acerca de la necesidad de que esa bronca se transformara en acción colectiva”, afirma. La responsabilidad estatal sobre la violencia de género y lo que logró el feminismo desde el primer Ni Una Menos, en la siguiente entrevista. (Foto: Equipo MuMaLá)


Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá) es una organización que nació en el año 2012 y, desde entonces, desarrolla herramientas que permitan modificar las relaciones desiguales de género existentes, realizando acciones de intervención en el espacio público para sensibilizar a la sociedad y reclamar la acción del Estado. Raquel Vivanco es coordinadora nacional del movimiento y asesora en derechos humanos de las mujeres desde 2007.

El movimiento organizado de mujeres se viene formando como un actor muy dinámico a nivel político, que tiene una intervención concreta en la agenda pública y una presencia importante en las calles.

 

— ¿Qué dirías que cambió en el camino recorrido por el feminismo desde la primera marcha por Ni Una Menos del año 2015?

— Lo que nosotras observamos a partir del 3 de junio de 2015 es que hubo una masificación del reclamo del Ni Una Menos en contra de la violencia de género y, a partir de ahí, surgió un nuevo activismo de mujeres que vieron la necesidad de organizarse y participar para poder canalizar el descontento en torno a la violación de sus derechos humanos. Podemos decir entones que, desde ese momento, el movimiento feminista en Argentina se nutrió de mucha más participación de mujeres que no provenían de experiencias militantes previas. Hubo todo un despertar de generaciones muy jóvenes acerca de la necesidad de que esa bronca se transformara en acción colectiva.

El movimiento feminista en la Argentina se nutrió de mucha más participación de mujeres que no provenían de experiencias militantes previas. Hubo todo un despertar de generaciones muy jóvenes acerca de la necesidad de que esa bronca se transformara en acción colectiva.

— ¿Se podría hablar de una resignificación del Ni Una Menos dada la mayor cantidad de demandas y reivindicaciones que fueron surgiendo con el tiempo?

— Totalmente. El Ni Una Menos fue la consigna que sintetizó el hartazgo ante los femicidios. Por esos días recordamos a Chiara Páez, la adolescente asesinada en Santa Fe, que fue como la gota que rebalsó el vaso. De alguna manera, esos terribles y cruentos femicidios hicieron que el Ni Una Menos fuera la expresión de repudio más concreta. Pero ese día se empezaron a hacer también visibles muchas otras consigas relacionadas a distintas formas de violencia que sufrimos las mujeres por el solo hecho de serlo. Dentro de ellas, la relacionada a la igualdad económica, por ejemplo, que se expresa de manera más clara en el hecho de que todavía las mujeres percibamos distintos salarios por igual trabajo, que seamos las mas precarizadas y que nos cueste acceder a lugares de gestión por nuestro género.


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Raquel Vivanco junto al padre de Micaela García. Foto: Equipo Mumalá


— Ese reclamo estuvo también muy presente en el Paro Internacional de Mujeres.

— Sí, se evidenció de forma muy fuerte el 8 de marzo, en una jornada de la cual Argentina no solo participó, sino que además fue uno de los países convocantes. Ahí se hizo muy visible todo el debate en torno a la situación económica de las mujeres y, particularmente, en los contextos de crisis económica. Todo esto fue gracias a que se lo viera como un reclamo  más de justicia para con las mujeres desde aquel 3 de junio. Podemos hablar también de la violencia simbólica y del acoso callejero, que fue otro de los grandes reclamos que se manifestaron.. “Mi cuerpo, mi decisión”, “Si digo no es no” y un montón de consignas que tienen que ver con el hartazgo de muchas frente a situaciones de la vida cotidiana que no estamos dispuestas a tolerar de manera silenciosa.

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— En relación al acoso sexual callejero, el caso de Lucía Cabrera logró que por primera vez esta forma de violencia de género llegue a la Justicia. ¿Qué fue lo que esto representó?

La denuncia de Lucía significó una forma de visibilización muy importante. Todo el país y todo los medios estuvieron hablando durante el día en que se llevó a cabo la audiencia de mediación entre Lucía y su acosador y también al día siguiente. Se puso en escena una problemática como es el acoso en el espacio público, que nos afecta a la mayoría de las mujeres desde edades muy tempranas y que la sociedad todavía tolera o naturaliza. Para nosotras, este caso va a significar un antes y un después en el tiempo. Que ella se haya animado a denunciar y que a partir de esta denuncia se haya generado todo este debate es sumamente positivo. Denunciar el acoso callejero es denunciar una forma de violencia muy extendida, por lo cual, que las mujeres denunciemos las acciones que nos agravian es un acto político. Nos pone en un lugar mucho mejor que en el que estábamos, que era el de aceptar, naturalizar o pensar que no se puede hacer nada con eso.

Con el caso de Lucía se puso en escena una problemática como es el acoso en el espacio público, que nos afecta a la mayoría de las mujeres desde edades muy tempranas y que la sociedad todavía tolera o naturaliza. Para nosotras, este caso va a significar un antes y un después en el tiempo.

— ¿Cómo fue que Lucía logró efectuar la denuncia?

— Lo cierto es que Lucía pudo hacer la denuncia a partir de que el acoso callejero como tal es una contravención en la Ciudad de Buenos Aires. La ley se sancionó en diciembre de 2016 y entró en vigencia hace un mes aproximadamente, pero además, tiene como fundamento los datos de la encuesta de acoso callejero que realizamos desde Mumalá en la Ciudad de Buenos Aires y que presentamos el año pasado en la Semana de Lucha Contra el Acoso Callejero. Se reveló que el 100% de las mujeres encuestadas dijo haber sufrido por lo menos una de las formas de acoso callejero a lo largo de su vida. La totalidad de las mujeres también dijo llevar adelante distintas estrategias de prevención ante esta violencia en el espacio público, lo que pone en evidencia la falta de políticas públicas para prevenir esta problemática. Los datos arrojados son bastante representativos, no sólo en la Ciudad, sino en todo el país. Fue esta encuesta la que dio pie para se sancionara esta ley y para que también se pudiera presentar un proyecto nacional, que elaboramos distintas organizaciones y que es impulsado en el Congreso Nacional por la Diputada nacional Victoria Donda.


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Foto: Gustavo Yuste


— Recién mencionabas la visibilidad que tomó el caso en los medios de comunicación. En este sentido, con el tiempo se fue observando una mayor presencia de la violencia de género en la agenda mediática, pero sigue existiendo en muchos casos un tratamiento sesgado y estigmatizante hacia las mujeres. ¿Observás, a pesar de esto, algún cambio en la violencia simbólica?

— Me parece que a partir del primer Ni Una Menos logramos incorporar la problemática de la violencia contra las mujeres en la agenda mediática, pública y social, no así en la política. Creo que muchos medios tomaron nota de que ya no se puede hablar de los femicidios como si fuesen crímenes pasionales y que no deben ser abordados en la sección de Policiales, que eran muchas de las cosas que venían sucediendo, lo cual quita la relevancia del caso en situaciones de violencia extrema contra las mujeres. Asimismo, me parece que todavía falta mucho por hacer porque, a pesar de que muchos medios hablan claramente de femicidios, cuando desarrollan el hecho destacan detalles de la vida de las mujeres culpabilizándolas de alguna forma, o dejando entrever que puede haber existido alguna causa por la cual fueron víctimas de femicidio. Me parece que el abordaje no termina de ser el correcto. Esto no es homogéneo en toda la prensa. Pero sí creo que una parte de los medios de comunicación entendieron que el mensaje y el reclamo también estaban puesto en ellos.

Creo que muchos medios tomaron nota de que ya no se puede hablar de los femicidios como si fuesen crímenes pasionales y que no deben ser abordados en la sección de Policiales, que eran muchas de las cosas que venían sucediendo, lo cual quita la relevancia del caso en situaciones de violencia extrema contra las mujeres. Asimismo, me parece que todavía falta mucho por hacer.

— Todavía se pueden encontrar otras formas de violencia de género que no son denominadas como tales, como a veces pasa con los femicidios vinculados.

 — Cuesta mucho que se visibilicen las distintas formas de violencia, como los femicidios vinculados u otras tantas que, si bien no son extremas, hacen que estos terribles asesinatos de mujeres sean posibles. Hay una parte que no se hace visible, de la que no se habla y de la que se niega el abordaje. En los medios de comunicación hay programas que son muy gráficos de esa violencia simbólica que se ejerce contra las mujeres, en donde se nos ubica en el lugar de objeto. Es el caso del programa de Tinelli por ejemplo, o Polémica en el Bar. Hay una fuerte resistencia. Los medios son una piedra fundamental a la hora de pensar la transformación cultural. Me parece que todavía estamos lejos, pero que hay muchas periodistas mujeres que han entendido que deben jugar un rol en todo esto. Se evidencia en  la forma de participación de las mujeres en los medios. En eso podemos decir que estamos un poco mejor.


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Foto: Gustavo Yuste


— Los casos de Higui y Belén fueron invisibilizados por los grandes medios de comunicación pero el reclamo popular y el movimiento de mujeres logró su liberación. ¿Qué pensás que singifican para el camino recorrido por el feminismo?

— Creo que el movimiento de mujeres en sí mismo es un actor político, hoy muy dinámico, que logró la libertad de Belén y de Higui, dos casos paradigmáticos en términos de la violencia ejercida contra las mujeres. En el caso de Belén se pudo ver la violencia ejercida por todas las instituciones que intervinieron en el abordaje de su caso. Fueron dos años de privación de la libertad producto de la vulneración ejercida por la salud pública, la policía y el sistema judicial que, a partir de no interpretar y no intervenir desde una mirada de perspectiva de derechos de las mujeres, la violentaron constantemente. Si no hubiera sido por el movimiento de mujeres, Belén probablemente seguiría hoy presa, sin pruebas concretas del delito que le estaban atribuyendo. En el caso de Higui, fue también gracias a ese movimiento de mujeres y a la movilización constante, que logramos que el Estado no avanzara sobre la criminalización de nuestro cuerpo. Porque a la violencia ejercida por parte de la sociedad, del machismo, contra los cuerpos de las mujeres, se suma la violencia institucional. Estos son dos casos son ejemplares para ver cómo la denuncia y la movilización surten un efecto positivo, en el sentido de garantizar el respeto de nuestros derechos como mujeres.

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Ante la movilización de las mujeres, crecieron las denuncias a las líneas gratuitas de asistencia. Pero la respuesta del Estado es muchas veces insuficiente, con lo cual, si no hay una intervención clara e integral de las instituciones, las denunciantes vuelven a exponerse.

— Los últimos datos relevados por Mumalá en el Registro Nacional de Femicidios revela que en los últimos meses una mujer es asesinada cada 26 horas, cuando el año anterior la cifra era cada 30. ¿A qué atribuís el aumento de femicidios?

— A la falta de políticas públicas impartidas por el Estado Nacional: por los tres poderes y, principalmente, por el Poder Ejecutivo, que está muy lejos de aplicar las leyes de prevención sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres. A la ausencia del Estado no solo en garantizar políticas públicas, sino en generar iniciativas que puedan contribuir a un cambio cultural tan necesario como el que estamos buscando para revertir esta realidad. Ante la movilización de las mujeres, crecieron las denuncias a las líneas gratuitas de asistencia. Pero la respuesta del Estado es muchas veces insuficiente, con lo cual, si no hay una intervención clara e integral de las instituciones, las denunciantes vuelven a exponerse. Así, el Estado da un mensaje de impunidad para los violentos cuando no interviene, por eso decimos también que el Estado es responsable. No solo por omisión o por no llevar adelante la aplicación de políticas públicas, sino porque muchos casos son parte del entramado de encubrimiento como el caso de Araceli Fulles en la provincia de Buenos Aires, donde la policía intervino para obstaculizar la investigación. La presencia del Estado es determinante para que estas estadísticas se reviertan.

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Foto: Gustavo Yuste


— De acuerdo a la Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres, el Consejo Nacional de Mujeres es el responsable de llevar adelante las políticas para la aplicación de la norma. ¿En qué estado se encuentra actualmente este organismo?

—  Lo que nosotras sabemos es que el presupuesto con el que cuenta el Consejo es escaso y que, a pesar de eso, a principios de año, Marcos Peña quiso recortar 67 millones de pesos que tuvo que devolver gracias también a la visibilización y a la denuncia de las ONG y organizaciones de mujeres. Pero, asimismo, con esos 67 millones de pesos, el Consejo cuenta con un presupuesto ínfimo. Si tenemos que dividir el dinero asignado por la cantidad de mujeres, no llega a sumar 8.50 pesos por mujer para el año en curso para llevar adelante la Ley 26.485.

Lo que el gobierno viene mostrando es falta de preocupación y de interés en garantizar la aplicación y el cumplimiento de leyes que son sumamente importantes para construir sociedades donde las personas nos respetemos y contribuyamos a desalentar la violencia por cuestiones de género.

— Otro de los aspectos que debe ser abordado por el Estado como problema de salud pública es la salud sexual y reproductiva de las mujeres, lo cual incluye varias dimensiones como la Ley de Educación Sexual Integral y el aborto. ¿Cómo observás ese panorama?

— Lo que supimos de los programas de Educación Sexual Integral (ESI) es que también, a principio de año, hubo un intento de recorte presupuestario y de despido de muchos de los trabajadores contratados. Con esto, lo que el gobierno viene mostrando es falta de preocupación y de interés en garantizar la aplicación y el cumplimiento de leyes que son sumamente importantes para construir sociedades donde las personas nos respetemos y contribuyamos a desalentar la violencia por cuestiones de género. Tanto el recorte presupuestario como la falta de inversión en personal son factores que hacen que nosotras tengamos una alerta puesta en esta temática, ya sea a nivel prevención, si lo queremos pensar en relación a la aplicación de la ESI, y también a nivel de revertir una realidad tan compleja como es la de los abortos clandestinos. En nuestro país la clandestinidad del aborto es desde hace décadas la principal causa de mortalidad de las mujeres gestantes . La falta de decisión política y las propias declaraciones del presidente en contra de que se apruebe la ley de interrupción voluntaria del embarazo, también nos parece que van en sentido contrario de garantizar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

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— En ese sentido, la represión en las últimas marchas de mujeres también marca una postura frente a la movilización del feminismo.

— Sí, eso va en la línea de la criminalización de la protesta social en general y de la criminalización de las mujeres en particular, en tanto el movimiento organizado de mujeres se viene formando como un actor muy dinámico a nivel político, que tiene una intervención concreta en la agenda pública y una presencia importante en las calles.


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