Entrevista a María Riot: sobre ser feminista, prostituta y luchar contra los prejuicios

por Gustavo Yuste

María Riot, cuyo verdadero nombre es Florencia, no solo es reconocida a nivel mundial por ser actriz porno, sino que es una de las caras más representativas en lo que respecta a las trabajadoras sexuales en Argentina. “La prostitución lleva mucho más años de estigma encima, muchas leyes y problemáticas sociales que han atravesado este trabajo como la pobreza y la desigualdad”,  afirma sobre uno de los aspectos más sensibles en lo que respecta a la lucha feminista, ya que, desde muchos sectores, se suele asociar la prostitución con la trata de personas. Además, sobre su trabajo frente a las cámaras, asegura: “el porno feminista ofrece una mirada y una forma distinta de hacer porno. Salarios justos, ideas que no incluyan racismo, sexismo o ningún tipo de discriminación arbitraria”. (Foto de portada: Gonzalo Resti)



El debate sobre la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, así como la aceptación de la diversidad sexual y el fin de cientos de estereotipos que aún pesan sobre los cuerpos y acciones de las personas, parecen ser la brújula que guía el comienzo del siglo XXI y el feminismo es una de las corrientes que encabeza esa lucha. Sin embargo, como en todo movimiento amplio, existen debates al interior sobre temas sensibles y complejos: uno de ellos es el trabajo sexual. 

María Riot (25) en realidad se llama Florencia y nació en la zona oeste del conurbano bonaerense. Trabaja dentro de La Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) y es una de las voceras de los reclamos de las prostitutas y de las distintas formas de ser trabajadora sexual. Además, Florencia es reconocida a nivel mundial por su trabajo como actriz porno, pero no de cualquier tipo, sino del feminista, el cual conlleva un trabajo y cuidado especiales que exceden el concepto de tener sexo frente a una cámara para miles de espectadores.

Mi interés en formar parte del porno empezó cuando encontré en Internet páginas de feminismo donde además compartían un mensaje pro sexo y compartían videos de porno alternativo o distinto al que yo conocía.

¿Cuándo empezó tu inquietud o tu interés por el mundo del porno?
-Mi interés en formar parte del porno empezó cuando encontré en Internet páginas de feminismo donde se compartía un mensaje pro sexo y videos de porno alternativo, o distinto al que yo conocía. Al poco tiempo, empecé a transmitir online en páginas donde usuarios me pagaban por verme y eso me llevó también a plantearme el ejercer la prostitución, por lo cual, al buscar información, encontré productoras que ofrecían un porno del cual me interesé en formar parte de inmediato.

-Siempre se suele pensar en las reacciones de los familiares y amigos con tu  profesión. ¿Cómo fue en tu caso?
-En mi caso, la culpa que sentía por ejercer el trabajo sexual por todos esos prejuicios que existen y que una cree que todos tendrán con quienes elegimos la prostitución o cualquier otro tipo de trabajo sexual, me hizo ocultarlo y no decirlo públicamente por alrededor de tres años. Dejé que mi familia y conocidos se enteraran por Facebook, al empezar a publicar cosas sobre el tema, pero sin hablar en primera persona hasta que, con la propuesta de una entrevista en Página 12, decidí que era una buena manera de sacarme todo ese peso de vivir ocultando qué es lo que hacía realmente. Eso fue en noviembre de 2015, pero que ejerzo la prostitución fue algo que recién dije en febrero de 2016, así que es bastante reciente todo, a pesar de que algunos amigos lo sabían desde el primer día, hace años. Con el paso del tiempo, pude hablarlo mejor y, hoy en día, mi familia además apoya mi militancia y acompaña la lucha de AMMAR, el Sindicato de Mujeres Meretrices de Argentina, del cual soy parte.


Foto: Gonzalo Resti


-Para alguien que todavía no sabe qué es, ¿cómo definirías el porno feminista/ético?
-El porno feminista ofrece una mirada y una forma distinta de hacer porno. Salarios justos, ideas que no incluyan racismo, sexismo o ningún tipo de discriminación arbitraria. De todos modos, aunque estas etiquetas sirven para visibilizar el llamado de producciones que cumplan con estándares éticos y más inclusivos – como sirvió hace décadas atrás la etiqueta de “porno para mujeres” para visibilizar que el porno no es solo cuestión de hombres – no estoy convencida de que realmente sea efectivo distinguir el porno de esta manera. Mi postura se debe a que lo que debe cumplir una producción para ser llamada “ética” puede ser subjetiva de la persona que decide llamarse así y que dictamina que quienes no usen esa etiqueta no son éticos. Pero la realidad es que hay un montón de proyectos y productoras que escapan de esas etiquetas y sus contenidos son diversos y no discriminatorios, tratan de buena manera a los performers y su paga es buena. Y también hay otras que se autodenominan como porno feminista o ético pero, a mi entender o en mi propia experiencia, no lo son.

– ¿Cuál es tu opinión sobre el porno mainstream?
-Creo que, como toda industria, dentro de la industria del porno hay cosas que son una mierda, otras que son buenas, otras que son criticables y condiciones laborales que deben ser mejoradas. No todo es blanco y negro y mucho menos en el trabajo sexual, donde las personas que ejercen son diversas y tienen deseos distintos. También hay mucho desconocimiento y muchas personas entran en la industria esperando una cosa que después no es.

Creo que como toda industria, dentro de la industria del porno hay cosas que son una mierda, otras que son buenas, otras que son criticables y condiciones laborales que se deben mejoradas. No todo es blanco y negro y mucho menos en el trabajo sexual donde las personas que ejercen son diversas y tienen deseos distintos

– ¿Qué cambios te gustarían que sucedan dentro de la industria?
-Me gustaría que el porno, en general, cambie y que sea más inclusivo, que las condiciones laborales sean mejores, que se haga foco en el placer no solo del hombre, que dejen de usarse etiquetas ridículas y discriminadoras para catalogar los videos y los distintos tipos de cuerpos, que quienes actúan tengan más voz y que no se sientan obligados a hacer cosas que tal vez no quieren, pero que, porque un director se lo pide, lo hacen. O porque piensan que así llegarán a la fama aceptan ciertas pautas que en realidad no desearían. Pero eso también pasa en otras industrias. Yo, desde mi lugar, aportaré a visibilizar quiénes somos los que formamos parte de esa industria y así humanizarnos, ya que muchas veces se olvidan de que también somos personas.

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Foto: Lorna Remmele

-¿Ser trabajadora sexual carga con más prejuicios que el de actriz porno?
-A pesar de que ambas profesiones están estigmatizadas y plegadas de prejuicios, creo que la prostitución se ha llevado aún más discriminación y lamentablemente, leyes que criminalizan y persiguen su ejercicio en muchísima mayor medida. En el porno, quienes son actrices pueden tener una carrera y ser idolatrados, recibir premios, dirigir y crear sus propias empresas y, al menos en América, no hay leyes que criminalicen el hacer porno. También el hecho de que sea una industria grande, que se esté volviendo cada vez más normal que digamos que miramos porno, y que esté relacionado con algo más artístico y de vida de glamour (aunque muy poco tiene de eso en general y solo muy pocos son los que llegan y tienen ese estilo de vida), puede llevar a que la gente piense que son cosas distintas o que una merece respeto y legitimación y la otra no y, en consecuencia debe ser marginalizada. Sin embargo, también hay mucho estigma.

-¿Por ejemplo?
-Quienes hacen porno deben saber que está la posibilidad de que luego no sean contratados en otros trabajos, como por ejemplo, en colegios o instituciones y muchos sufren por el miedo que tienen de que su familia o entorno se entere. La prostitución, en cambio, lleva mucho más años de estigma encima, muchas leyes y problemáticas sociales que han atravesado este trabajo, como la pobreza y la desigualdad, que hacen que la gente crea que el problema es la prostitución en sí y que haya mucha confusión sobre el tema, que claramente los medios han alimentado para que ese imaginario siga vigente. Sin embargo, ambos son vistos desde una visión moral, generalizadora y de no entender las libertades individuales ajenas.



-Sobre todo, aún hoy cuesta que se reconozca la diferencia entre trabajo sexual y trabajo forzado o trata de personas, ¿no?
-Cuesta mucho porque se ha hecho mucho lobby de parte del feminismo abolicionista, confundiendo y tomando la lucha contra la trata como estandarte, cuando luego hablan de eliminar la prostitución y crean políticas públicas que perjudican a todo aquel que la ejerza, sea víctima de trata o no. No olvidemos que quienes están hoy en día en Argentina sentadas en un escritorio en el Estado, detrás de las Secretarías de Género, el Observatorio de Género en la Justicia, el Consejo Nacional de las Mujeres y demás, son abolicionistas y bajan línea a favor de su ideología y concepción sobre la prostitución. Es algo que pasó en los ’80, cuando en Estados Unidos, el feminismo abolicionista se alió con la iglesia y la derecha para ir en contra de la pornografía y de la prostitución y así tomaron mucho más poder y el feminismo más mainstream pasó a ser inherentemente abolicionista. Y también hoy en día, donde vemos que hay toda una industria del rescate promovida por el Gobierno y abolicionistas donde se destinan millones y millones de pesos para rescatar víctimas de la prostitución (quienes hace poco dijeron públicamente que solo el 2% se reconoce como víctima) y hacer campañas, festivales y publicidades en contra de todo comercio sexual con frases como “Sin clientes no hay trata”. Así se confunde a la sociedad y se crea un imaginario popular muy fuerte de romper.

-¿En qué estado se encuentra legalmente esa discusión?
– La ley anti-trata actual no distingue explícitamente el consenso y, para esa ley, todas somos posibles víctimas a rescatar y se usa para allanar departamentos de trabajadoras sexuales autónomas que luego son contabilizadas como víctimas rescatadas y mismo se publica en los medios, cuando ellas explícitamente dicen que no lo son y que quieren trabajar en paz. De más está decir que la trata de personas existe en todos los trabajos y debe ser erradicada, pero que no solo ocurre en la prostitución, sino que también pasa y en un número muchísimo mayor en la industria textil o en los campos de cultivo y, sin embargo, nadie habla de prohibir esas industrias o de incentivar que nadie compre ropa o arroz porque existen personas forzadas a trabajar, menores o gente engañada y sin sus documentos, sino que se exigen derechos para esas personas, que se termine la clandestinidad para que no hayan abusos y mafias y que nadie trabaje sin su propia voluntad.

Se ha hecho mucho lobby de parte del feminismo abolicionista confundiendo y tomando la lucha contra la trata como estandarte cuando luego hablan de eliminar la prostitución y crean políticas públicas que perjudican a todo aquel que lo ejerza, sea víctima de trata o no. No olvidemos que quienes están hoy en día sentadas en un escritorio en el Estado en Argentina detrás de las Secretarías de Género, el Observatorio de Género en la Justicia, el Consejo Nacional de las Mujeres y demás son abolicionistas y bajan línea a favor de su ideología y concepción sobre la prostitución.

-¿Qué derechos y conquistan son los que faltan conseguir para las trabajadoras sexuales?
-Primero y principal, la derogación del artículo 81 que criminaliza el uso del espacio público para la prostitución, lo que hace que cientos de mujeres por el solo hecho de trabajar puedan ser detenidas o vayan presas hasta 30 días (algo vigente en 18 provincias del país). Necesitamos con urgencia que pare la violencia institucional, que las fuerzas de seguridad dejen de abusar de quienes ejercen el trabajo sexual, ya sea con actas contravencionales en la calle, con allanamientos y robos de pertenencias en departamentos o con coimas y extorsiones por el abuso de poder que ejercen sobre quienes saben están en una situación de clandestinidad y marginalidad. Queremos poder acceder a derechos básicos como cualquier otro trabajador. Que se reconozca el trabajo sexual como trabajo y salgamos de la precariedad laboral en la que estamos ahora, donde no podemos hacer aportes (y con ello no tener un recibo de sueldo por lo que no podemos alquilar y tenemos compañeras que hoy en día pagan $6000 pesos por una habitación en Constitución con baño compartido, donde los dueños de los hoteles abusan de saber que son trabajadoras sexuales y que no van a conseguir otro lugar donde vivir), acceder a una jubilación, entre otras cosas.

-Para alguien que le interesa introducirse más dentro de esa temática, ¿qué material le recomendarías?
Para saber sobre el contexto de leyes y derechos que queremos, recomiendo la charla TED “Qué derechos quieren las trabajadoras sexuales”, de la trabajadora sexual y activista Toni Mac. La considero imprescindible para al menos tener una mirada general sobre el contexto mundial actual y qué es lo que las trabajadoras sexuales exigimos. Volviendo a los derechos que nos restan conseguir, también necesitamos que el estigma hacia nuestro trabajo y quienes lo ejercemos deje de existir, porque eso no solo lleva a la culpa, el sentimiento de que lo que una está haciendo no está bien aunque una lo desee, sino que también eso se ve reflejado en leyes, en que en los hospitales muchas no se vayan a hacer chequeos médicos porque han sufrido discriminación, el tener que tener una doble vida mismo con nuestras propias familias y muchas, hasta con sus parejas e hijos.

Necesitamos con urgencia que pare la violencia institucional, que las fuerzas de seguridad dejen de abusar de quienes ejercen el trabajo sexual, ya sea con actas contravencionales en la calle, con allanamientos y robos de pertenencias en departamentos o con coimas y extorsiones por el abuso de poder que ejercen sobre quienes saben están en una situación de clandestinidad y marginalidad

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Foto: Guillermo Schimmel

-¿Sos optimista en que el gobierno de Macri escuche sus reclamos?
-No. Un gobierno que da más poder a las fuerzas policiales, claramente no escuchará nuestro pedido de que pare la violencia institucional. El tema de una ley sobre trabajo sexual es algo que no barajamos actualmente, ya que entendemos que es algo complicado. De todas maneras, en marzo, en Entre Ríos, se debatirá por primera vez acerca de una Ley de Trabajo Sexual Autónomo en la provincia, por lo que vamos construyendo de a poco. Seguimos trabajando incidiendo políticamente para que nuestros reclamos estén presentes y visibilizando que las políticas públicas actuales (abolicionistas – prohibicionistas) solo perjudican a toda aquella persona que ejerza la prostitución.

-Pasando a un ámbito más personal, ¿te pasa, como con otros trabajos, que hay días que uno tiene más o menos ganas y prefiere quedarse durmiendo? ¿O siempre te sentís más animada a trabajar?
-Por supuesto. Soy trabajadora sexual porque si no trabajo no como ni pago las cuentas. Claramente dentro de todos los trabajos que existen, elijo la prostitución, pero si no existiese la necesidad de trabajar, no lo haría y me dedicaría solo a mis proyectos personales y a disfrutar de mi tiempo libre, pero ¿quién no querría eso? A las trabajadoras sexuales pareciera que somos las únicas a las que se nos exige que amemos nuestro trabajo, que lo disfrutemos plenamente, que cada cliente sea perfecto, que seamos autónomas, entre otras cosas, cuando eso no pasa en ningún otro ámbito laboral. Dudo que el operario de call center disfrute estar ahí atendiendo llamados durante seis u ocho  horas o que la cajera tenga ganas de pasarse todo un fin de semana atiendo filas infinitas de gente. Pero como nuestro trabajo se ve desde una óptica moral y hay tantos mitos alrededor de él, generalmente resaltamos por qué lo elegimos y los beneficios que encontramos en él para que puedan comprender nuestra elección o al menos entender por qué nosotros creemos que es la mejor opción, sabiendo que, así como nosotros lo elegimos, hay personas que no y que jamás querrían hacerlo, como nos pasa a nosotras con cientos de otros trabajos.

-En Argentina, como en muchos otros países, hay un clima efervescente con lo que respecta a la discusión del feminismo y la búsqueda de igualdad de género. ¿Cómo vivís vos esta época?
-Creo que estamos en un momento histórico, donde el feminismo y las voces de las mujeres están teniendo cada vez más protagonismo, donde Internet se ha vuelto un arma de disputa en los medios, donde tomamos las redes sociales como un lugar en el que denunciar nuestras problemáticas diarias y que engloban a todo el movimiento de mujeres, y donde también se están dando debates fuertes como nunca antes, donde claramente uno de los más fuertes es el del trabajo sexual. Este año 2016, fue clave para nuestra militancia, avanzamos muchísimo y hemos tenido muchos logros. Por fin empezamos a tener nuestro propio lugar dentro del feminismo, que siempre pareció ser inherentemente abolicionista de la prostitución, pero la realidad es que no es así. Hay diversas corrientes y posturas dentro del feminismo y aunque una haya sido la más popularizada y la que ha alcanzado mayoritariamente las leyes y los medios, seguimos disputando nuestro espacio en el mismo, para que todos puedan conocer otra versión del trabajo sexual y de cómo vivir el feminismo.

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Creo que estamos en un momento histórico, donde el feminismo y las voces de las mujeres están teniendo cada vez más protagonismo, donde Internet se nos ha vuelto un arma de disputa en los medios, donde tomamos las redes sociales como un lugar donde denunciar nuestras problemáticas diarias.

 -¿Cómo ves el panorama argentino al respecto?
-Hubo una fuerte movilización en las redes sociales y en los medios porque hace unos días se anunció que se recortaría el presupuesto para el Consejo Nacional de Mujeres, cuando justamente hay una suba en los femicidios. Pero creo que también deberíamos preguntarnos y ser críticos y pensar, ¿para qué se está utilizando? ¿Realmente pensamos que los botones anti-pánico y los refugios son solución? ¿Que un feminismo punitivista es lo que va a lograr que no haya más violaciones y abusos? ¿Multar a alguien va a hacer que dejen de gritarnos cosas por la calle? Creo que debemos ser muchísimo más auto-críticos como movimiento en general, con nuestros desacuerdos y acuerdos, pero darnos cuenta de que hay algo que se nos está yendo de las manos y tenemos que buscar la efectividad y que cambien las cosas urgentemente.

-¿En qué sentido?
-Aún no tenemos aborto legal y las mujeres pobres siguen muriendo con abortos clandestinos. En muchas escuelas, la educación sexual integral no existe, hay una gran discriminación a las minorías –por ejemplo hacia el colectivo LGBTIQ, en especial a las personas trans- y, entre otras cosas, el machismo explícito y naturalizado sigue presente en los medios, en donde alguien como Baby Etchecopar, que justifica abusos, o personas que han sido denunciadas por violación, abusos y violencia, como Lucas Carrasco o Dante Palma, hoy en día siguen teniendo voz legítima. Por supuesto que hay respuestas y mujeres organizándose frente a todo esto, pero falta mucho más, necesitamos que todos realmente se comprometan a que podamos cambiar la sociedad en la que vivimos.

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-Y en la misma dirección, ¿cómo tomás la victoria de Trump, reconocido misógino, en Estados Unidos?
-Creo que el hecho de que una persona con un discurso abiertamente misógino, xenófobo y clasista sea hoy en día Presidente de Estados Unidos, solo demuestra que existe una gran parte de la sociedad, que es mayoría a mi entender, que piensa como él y que no cree que eso en su persona sea algo malo, sino que es algo legítimo. De todos modos, muchas personas presentan a Trump como el enemigo, obviando cosas realmente graves que ha hecho el gobierno anterior o sus oponentes. Yo, personalmente, no tengo fe en los políticos en general y en quienes conforman el Estado. Cada una de esas personas forman parte de la opresión que vivimos todos, excepto los privilegiados que no son perjudicados por sus políticas, ya que también conforman parte del poder. Sin embargo, sé de la importancia que tiene el trabajar por ciertos puntos en común, porque lamentablemente hoy son quienes deciden, en muchas cosas, por nosotros.  Algo que me llamó la atención de la victoria de Trump y que viene a tema con mi trabajo y mi militancia, fueron los ataques que se hicieron a su esposa, alegando al slut shamming por haber participado en sesiones de fotos eróticas. Muchas personas que criticaban a Trump por sexista y misógino, repitieron lo mismo pero con Melania Trump, cuando además así se corre el eje de lo que realmente habría que criticar de ella y de su marido.

Yo personalmente no tengo fé en los políticos en general y en quienes conforman el Estado. Cada una de esas personas forman parte de la opresión que vivimos todos, excepto los privilegiados que no son perjudicados por sus políticas ya que también conforman parte del poder. Sin embargo, sé de la importancia que tiene el trabajar por ciertos puntos en común porque lamentablemente hoy son quienes deciden, en muchas cosas, por nosotros

-También sos una abierta militante por los derechos de los animales en Animal Libre. ¿Cómo ves el terreno dentro de esa lucha tanto en Argentina y otros países?
-En Argentina estos últimos cinco años han sido claves para el movimiento de Derechos Animales. El veganismo ha ganado lugar en los medios (aunque lamentablemente, la mayoría de las veces desinformado y subestimándolo) y la sociedad en su conjunto está tomando cada vez más consciencia sobre la realidad de los animales. Hace dos años empezamos Animal Libre Argentina, y así, por primera vez en el país existe una Organización que hace activismo constante, visibilizando lo que sucede en los mataderos, granjas y distintos tipos de explotación, con equipos en varias ciudades y provincias e informando a la gente cómo empezar a cambiar sus hábitos para que así cambien la vida de los animales. También hay cada vez más productos o lugares con opciones para ir a comer, pero sin embargo falta mucho. Faltan más opciones industrializadas y que quienes son veganos dejen de perder tiempo en ver quién es más vegano y piensen en cómo hacer para que el veganismo sea cada vez más accesible y así que haya cada vez menos animales sufriendo por consecuencia de lo que comemos y usamos.


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Foto: Michelle Gentile


-¿Cómo conviven en vos todas tus facetas profesionales y militantes?
-Simplemente conviven, soy yo la misma persona que trabaja, que milita, que está con sus amigos, que va a un festival a Berlín a presentar una película o que se toma el Sarmiento para ir a Moreno a ver a su familia. Si uso el nombre María Riot en vez de mi nombre real que es Florencia, es más que nada por una decisión artística porque mi nombre y apellido no me gustaban tanto ni quedaba bien en los ámbitos de la webcam (donde ya me llamaba María) ni en el porno. Me creé una especie de yo misma para los ámbitos de trabajo sexual, pero aún me resulta raro cuando alguien me llama María. A veces me gritan en la calle “María” y no me doy cuenta hasta que gritan “Riot!”. Es divertido también.

-Por último, ¿cuáles son tus próximos proyectos?
-Mis proyectos van variando y siempre estoy abierta a nuevas posibilidades. Sigo comprometida con AMMAR y la militancia, buscando participar en nuevos proyectos en porno. Tengo algunas propuestas de cine, de radio, pensando ideas sobre un libro, con viajes en mente y con muchas ganas de preparar lo necesario para el próximo año poder empezar a grabar y dirigir mi propio proyecto de pornografía. La verdad es que no me planteo qué quiero hacer para construir una carrera, sino que hago las cosas que tengo ganas y simplemente me sumo a proyectos que creo que puedan aportar algo positivo o que me entusiasmen.


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